TEODICEA NEOBIBLISTA


Se dice que la teodicea es el estudio de Dios al margen de las creencias religiosas. Ha sido conocida tradicionalmente basada en el análisis, comentario u opinión de argumentación, criterio y razonamiento filosófico. Se justifica a Dios aunque exista la maldad o el mal es permitido en los planes de Dios para la superación del ser humano. Este tipo de análisis filosófico presenta limitaciones y restricciones por omitir el uso directo de la palabra de Dios, la fuente de comparación con creencia que tiene una fe de propósito y sentido espiritual hacia lo celestial. La teodicea ahora tiene en boga el interés actual de rectificar el rumbo del razonamiento filosófico anterior, con un mayor refuerzo que sea religioso y teológico a partir de la fe. La teodicea neobiblista se interesa en el raciocinio propio del ser humano que se complementa al argumento y razonamiento de Dios en su verdad revelada en Jesucristo. Por ejemplo, que en la teodicea actual se valore en el proceder académico, científico, ético, intelectual y social el tomar en cuenta la pregunta: ¿qué dice Dios al respecto según su palabra? Tomar en cuenta a Dios es lo más prominente que puede tener cualquier área de desenvolvimiento del ser humano.


La teodicea que relaciona fe y razón, afirma que ambas son diferentes pero se complementan. La teodicea neobiblista considera a la fe como una racionalización espiritual diferente de la razón solo humana, pero que también ambos razonamientos espiritual y humano se complementan, para entender y explicar lo que atañe a Dios. Hay un traslape entre filosofía y religión con teología. Porque el ser humano natural, por sí mismo no comprende ni entiende lo que es espiritual. Pero el que si es espiritual recibe lo filosófico para dar la mejor respuesta de aclaración a lo tocante a Dios. Lo que pasa es que en la profecía bíblica del profeta Daniel, se anuncia el aumento de la ciencia en el tiempo del fin o tiempos finales. Esto significa que además del avance e incremento científico, técnico y tecnológico surge un interés colectivo y masivo a nivel mundial por la comprensión y entendimiento del conocimiento de Dios. El resultado de conocer la sabiduría en su plenitud y totalidad complementa la ciencia, tanto adquirida en el descubrimiento humano como en el conocimiento de Dios. Todo lo existente es creación de Dios, el humano solamente la descubre.


La teodicea neobiblista combina la ciencia bíblica de Dios a nivel racional con las verdades reveladas de Dios mediante una fe que también es racionalizada. El teísmo es connatural desde que existe la humanidad, su alteración se degenera en politeísmo, también desde que existe ser humano. El agnosticismo, ateísmo, descreimiento, escepticismo e incredulidad, son solo falacias de los desinteresados en la vida eterna. Sus argumentos son solo pretextos injustificados que para nada son convincentes delante de la existencia de Dios, a quién darán cuenta por su negación. La inteligencia y sabiduría de Dios es eterna, su infinitud es trascendente en una exclusiva y única energía divina del vacío, que no es espacial, ni material, ni temporal, pero que llena el vacío que hay en el ser humano con su Espíritu. La teodicea neobiblista se puede analizar como la justicia divina final. Se toma en cuenta el razonamiento humano combinado con los razonamientos de Dios establecidos en su palabra. Este tipo de teodicea no se basa solamente en el razonar del ser humano, sino que se compara o confronta la razón con el argumento divino.


La vida humana ha sido una constante manifestación de guerras hasta el día de hoy, inclusive la última batalla se menciona en la Biblia con el Armagedón. Esto representa o significa la culminación del gran conflicto final de los tiempos. Su origen se establece con la gran batalla en los cielos entre el Arcángel Miguel y sus ángeles, contra el reclutamiento de los ángeles caídos en rebeldía. El conflicto celestial se traslada a este mundo a través de los ángeles indecisos, donde unos se vuelven al bando de los fieles y leales al Hijo de Dios, mientras que otros humanos viven en desobediencia y rebeldía absoluta ante Dios. Se desmerita o empaña el mérito del Hijo al nivel celestial y se replica en lo terrenal, como se puede comparar o cotejar cuando Dios Hijo encarna entre nosotros como ser humano. Se hace constar que es el único nacimiento humano sin la procedencia previa como ángel indeciso, sino que corresponde a la exclusiva encarnación del mismo Hijo de Dios, por medio de la energía, fuerza y poder del Espíritu Santo de Dios Padre. Si alguno considera imposible que seamos ángeles indecisos, se asume entonces como una analogía, comparación o metáfora, de que el ser humano por su indecisión de aceptar, identificar y reconocer a Jesucristo como el Hijo de Dios, Salvador y Dador de vida eterna, se encuentra caído en la maldad de delitos y pecados en desobediencia y transgresión consciente y deliberada delante de Dios.


La reacción de repudio al Hijo por parte de los ángeles caídos en el cielo de Dios, es un tipo de laceración celestial, que se materializa físicamente con la crucifixión y muerte de Jesucristo el Hijo de Dios. Esta vez por parte de los ángeles indecisos que vienen a este mundo como seres humanos, para transformar la indecisión en decisión, ya sea para bien o para mal. La contemporaneidad muestra que de alrededor de cada ocho seres humanos, hay cinco que consideran a Jesús como un profeta más, sin la distinción de Dios Hijo o Hijo de Dios. Por esta razón, se le llama ángeles caídos porque la batalla angelical se transfiere al campo terrenal y finaliza con el juicio de Dios. La razón de la existencia del ser humano es para tomar la decisión de volver a la casa y patria celestial. Si Dios es el bien y es bueno por qué permite el mal. Lo que pasa es que Dios respeta la decisión de cada quien, como el Padre incondicional de sus hijos pródigos, Dios es justo y hace justicia. El ser humano trata de justificarse como la víctima, sin asumir su propia responsabilidad de indecisión dentro de los ángeles del séquito celestial, porque ya trae consigo la culpabilidad de indecisión por su falta de fidelidad y lealtad al Hijo de Dios.


Así que es Dios Padre el que justifica. El ser humano nunca podrá justificarse por sus propios alegatos de deslealtad e infidelidad al Hijo de Dios. Finalmente el ser humano es juzgado y condenado como un ángel indeciso que se vuelve en ángel caído, por la desobediencia y la rebeldía ante Dios. El libre albedrío es practicado por algunos con el libertinaje de hacer cada quien lo que quiera con su cuerpo y su vida. Si no fuera por Dios vendríamos a este mundo a ser unos incrédulos y paganos perpetuos, porque a los que aman a Dios, la vida le ayuda y sirve para recibir el bien y don de la vida eterna. A los que aborrecen a Dios, sus hechos los lleva al castigo eterno de la condenación de la muerte. Así como Dios le advierte a Adán y Eva acerca del camino de la muerte, pero ellos deciden morir antes que obedecer a Dios, en conformidad con su libre albedrío. Desde entonces el mal está encarcelado en prisiones de maldad, pero su semilla o simiente está germinada y anquilosada solapadamente en las intenciones y voluntad del ser humano, que es el que actúa con ímpetu para mal.


El ser humano es el responsable de sus propias decisiones y actos. El péndulo de la vida es el siguiente: el mayor beneficio o bien posible durante la vida presente es la oportunidad de la continuidad a la vida eterna. La muerte es un inmediato e instantáneo cerrar y abrir de ojos. Solamente es consciente del espacio, materia y tiempo el que se encuentra entre los vivos, porque percibe el avance de la edad y su entorno del hábitat donde se desenvuelve. El muerto nada sabe ni tiene memoria, hasta la resurrección de los muertos, porque los que saben y tienen memoria son los que están vivos, ya que saben o ven el transcurrir del tiempo. La muerte es el paso inmediato e instantáneo con el cuerpo transformado al encuentro con la segunda venida de Cristo, de lo contrario es el paso inmediato e instantáneo con la resurrección corporal del mismo cuerpo que se tenía al momento de morir, para ser juzgado en el juicio final de condenación y muerte eterna. Todas las aclaraciones de las acciones y hechos vividos serán comprendidas y entendidas, pero ya es tarde, porque el arrepentimiento, conversión y resarcimiento del mal, tiene que ser en el transcurso de la vida presente. Se requiere un arrepentimiento genuino, que además de remordimiento, haya un cambio de intención, mentalidad y voluntad, que sea auténtico y complementado con la transformación de la conversión.


Es absolutamente y totalmente imposible que Dios haga mal o que mienta, porque su esencia, naturaleza y sustancia es únicamente el bien y todo lo que es bueno. El propio ser humano es el mal administrador de su vida y del planeta, que se le ha dado para administrar. Dios creó a sus criaturas con la capacidad y facultad de tomar decisiones. El ser humano es responsable de sí mismo y Dios siempre, en todo momento y tiempo histórico, ha respetado el libre albedrío humano. Hasta el tiempo del fin, porque en la vida eterna de ninguna manera existirá más el libre albedrío, de que cada quien haga lo que quiera, sino que prevalece solamente la voluntad de Dios Padre y de su Hijo. Tampoco habrá recuerdos de la vida pasada, sino una mente y un cuerpo nuevo (transformados como ángeles). Ya no será un Padre incondicional que perdone los derroches de sus hijos pródigos. En relación con lo contemporáneo: ¿para qué hacer lo malo? Si la vida es fugaz, si la vida es muy pasajera y temporal. La muerte nos puede llevar directo al juicio final, a dar cuentas de nuestra vida, con todas las consecuencias y resultado final de nuestras decisiones.


Después de la vida presente, despertar de la muerte para recibir nuestro merecido de recompensa del bien, es mejor que ser ateo e incrédulo para darse cuenta posteriormente en la resurrección de los muertos, que ya es tarde, que no se puede hacer nada para cambiar el propio destino, que el rumbo final en relación con la eternidad es inevitable. La vida es muy corta para desperdiciarla en la maldad y el pecado, nadie puede hacer el mal y escaparse de Dios. Todo lo contrario el poder de Dios es que todo lo ve y no se le escapa nada. La justicia divina llega tarde o temprano. Unos tienen su justicia en vida y otros con la eternidad, sea para vida eterna o para muerte. Lo mismo sucede con los sistemas religiosos que confían y defienden la religión para salvación del pecado, más que en la obra redentora de Cristo. Tienen otros caminos con múltiples intercesores y mediadores aparte y fuera de Cristo. Según sus creencias y prácticas religiosas les van a salvar, aunque en la aparente teoría pretenden magnificar a Cristo, pero en la práctica con los hechos lo niegan.


Se utilizan manifestaciones milagrosas como pretexto para hacer creer que son poseedores de la verdad de Dios, aunque en oposición a sus mandamientos como la Dilatría. Se consideran asiduos imperfectos y que mucho han pecado por acciones, pensamiento y omisión, restando o sustituyendo la preeminencia de Cristo y haciendo infructuosa la redención. En este sentido es mejor pensar en el caso de los profetas Job y Jonás como personajes históricos literales, que considerar que son ficción o irrealidad de alegóricos, anagógicos, figurativos, metafísicos, metafóricos o simbólicos. Los libros de Job y Jonás son ejemplos del cumplimiento de la justicia de Dios. El estudio de la palabra de Dios debe ser en profundidad, es como una transmisión de código fuente encriptado, la llave de la comprensión y entendimiento es Cristo, para la activación y protección de nuestro conocimiento espiritual. La debilidad o deficiencia es la ausencia del “amor único interior que es solamente para Dios”, con todo el corazón, fuerzas, mente y vida.


Amar al prójimo como se ama a uno mismo, es un amor básico en una capa inferior del ser humano natural, que se eleva o trasciende al verdadero amor a Dios desde lo espiritual y celestial. No puede amar al prójimo quien no sabe amarse así mismo. Por lo tanto, amar al prójimo como se ama a uno mismo corresponde a un mismo tipo de amor. El amor a Dios sobre todo es el primer amor, de manera que existen solo estos dos tipos de amor. Este es el plan de Dios Padre, que escalemos el amor natural de amarnos entre seres humanos al amor al Hijo de Dios, a quien Dios Padre a destinado y establecido para que lleguemos al verdadero amor. La decisión de cada uno es propia para decidir amar a Jesucristo como su destino celestial. Nuestro ser interior tiene que tener este enfoque en el Hijo de Dios. Porque el bienestar nuestro consiste en buscar el bien de los demás, pero en el amor a Cristo Jesús. Todos tenemos la oportunidad de retornar a la casa y habitación celestial, de donde procedemos debido a nuestra indecisión de identificar y reconocer la autoridad y mérito del Hijo de Dios.


La teodicea neobiblista aprovecha el medio y accesibilidad mundial del Internet, porque Dios permite el crecimiento y desarrollo de la tecnología para la difusión del evangelio de Jesucristo. La misma estrategia utilizada con la expansión del cristianismo a través de la escritura del Nuevo Testamento en el idioma griego. En el imperio romano se posibilita la comunicación lingüística, en toda la región geográfica al trascender las fronteras culturales e idiomáticas, con el idioma conocido lo más común y popular posible, heredado por el imperio anterior tras la conquista de Alejandro Magno. El mismo fue promovido por la cultura helenística. Así en la actualidad trasciende el evangelio a toda la comunidad internacional con un movimiento que abarca por completo el globo terráqueo, hasta lo último del planeta, tanto en espacio como tiempo.


En su época las cartas o epístolas del Nuevo Testamento llegaron a una audiencia universal, aunque dentro del rango conocido del imperio, mientras que ahora llega directamente a todos los usuarios del servicio de internet, hasta el último rincón del planeta, sin límites culturales, fronterizos o sociales. Se impera el deber de vivir honestamente con principios, valores y virtudes, independiente de la nación donde se viva. Aspectos como la avaricia, codicia, egoísmo y envidia, corresponden a la acumulación de dinero o riqueza que no es el amor verdadero. Amarse así mismo es en relación con la amabilidad, bien, dignidad, excelencia, generosidad y solidaridad, para la factibilidad y poder de amar al prójimo que está a nuestro alrededor. Esto lo cumplen muchos naturalmente, pero se requiere ascender, escalar y trascender al amor principal de Dios, que es un amor que combina lo espiritual con lo celestial. Sin la santificación de dedicación cabalmente a Dios, apartado en consagración y purificación, el ser humano no es nada, ni tiene el verdadero sentido y significado de la vida, solo queda en el día de su muerte, la rigidez y tiesura del cuerpo en la condición sin el aliento de vida que proviene de Dios. La memoria y rendimiento de cuentas del individuo están en las manos de Dios, hasta el tiempo propicio para su manifestación del día de la resurrección de los muertos y el juicio final.


Un tipo de bautismo es la limpieza que produce la palabra de Dios Padre, por medio del arrepentimiento, conversión y resarcimiento, para una vida con justicia y responsabilidad. En este bautismo se recibe el conocimiento con claridad, llega la luz divina abundante y rebosante hasta llenar la mente de la persona con la palabra de Dios, para iluminación del conocimiento de su gloria, por medio de Jesucristo. La palabra de Dios hace limpieza en las personas y provee la santificación, porque dichas palabras son espíritu y vida. Entonces, la persona se llena del conocimiento de la voluntad de Dios, o sea, su mente se llena en toda inteligencia espiritual y sabiduría, para caminar conforme con el agrado a Dios; manifiesto en los frutos de toda buena obra. Lo único que excede a todo conocimiento, es el amor de Cristo, pero podemos ser plenamente capaces de comprender todas sus dimensiones, para ser llenos de toda la plenitud de Dios. Aquí se cumple la creación de un corazón limpio y la renovación de un espíritu recto en el ser interior, el sustento de un espíritu noble en lo íntimo y personal. Se conjuga la santidad con la santificación en la libertad de lo que es perfectible para ser consagrado y dedicado a Dios.


La vida se presenta como una prueba decisiva para comprobar, demostrar y verificar como seres humanos, que tenemos la posibilidad y potestad de ser los mejores ángeles de Dios. La indecisión queda atrás y la decisión se proyecta de forma definitiva y permanente en Cristo. Somos santificados en la verdad que es Jesucristo, de manera que estamos apartados o separados como santos irreprensibles para nuestro Señor, mediante su redención y la obediencia a la palabra de Dios. Se requiere adquirir la paciencia que ofrece la vida con mucha disciplina, pasión y voluntad en Cristo, llamados a ser santos para la santificación en Cristo Jesús, que nos capacita y prepara en el discernimiento, o sea, diferenciar o distinguir entre lo profano y lo santo o entre lo inmundo y lo puro, para comprobar la agradable y buena voluntad que es perfecta, porque tanto el Padre como el Hijo de ninguna manera son permisivos o tolerantes a la maldad y al pecado. Dios es Santo, el ser humano no está exento ni es inmune de pecar, porque ninguno puede decir que nunca haya pecado, ya sea de acción, expresión u omisión, en la pre-juventud o en la vida adulta, sin embargo, Jesucristo dijo “vete y no peques más”.


Así es que la santidad se perfecciona en el temor exclusivo de Dios con perseverancia, porque la santificación se cumple siempre con la fidelidad y lealtad a Dios. La identidad que se alcanza con la santificación, por amor tanto al Padre como al Hijo, es de no volver a pecar según la pertenencia a Jesucristo. Más que seres imperfectos, en Cristo somos seres perfectibles perennes, sin intermisión, sino en una perfección continua e incesante en la realidad del diario vivir, donde el pecado de ninguna manera se justifica, de lo contrario se desprecia la obra redentora de Cristo. La santificación como proceso se manifiesta en la santidad demostrada a través del comportamiento y la conducta, en las acciones y actos cotidianos, desde la mente, pensamiento y del ser interior hasta el corazón y lo corporal. Este avance del proceso de santificación es gradual y progresivo, para ser eficientemente santos en lugar de pecadores reincidentes y decadentes, sin la decencia ni pudor delante de Dios. El cinismo de la práctica vituperable. Únicamente el Padre en su sola potestad sabe quienes recibirán la vida eterna, el día y la hora del acontecimiento final, pero sí se sabe que los que practican el mal y el pecado de ninguna manera recibirán la vida eterna, porque la oportunidad de hacer el bien y de obedecer la voluntad de Dios es en vida. El que camina en Cristo no peca y vive en santidad.


Ser santo corresponde a estándares y parámetros de comportamiento y conducta, según Jesucristo como ejemplo, modelo y referencia de vida, para lograr una paz y santidad ejemplar, que sea impecable, irreprensible e irreprochable. La impecabilidad es la evidencia de la certeza, convicción y seguridad de vivir en Cristo. Un ser interior integralmente sin pecado abarca la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento. La expresión de que no hay ser humano que nunca peque o que no haya pecado alguna vez, hace alusión directa a la propensión, que es la inclinación o tendencia. Esto no significa que se justifique a una persona por ser humano, entonces por consiguiente considerar que está destinado a pecar. Todo lo contrario la justificación es que Dios nos hace justos mediante su Hijo amado Jesucristo. Porque hacerse justo requiere seguidamente por consecuencia la santificación, que significa ser santos a través de la santidad influida por Jesús. El aprendizaje y práctica de su doctrina y enseñanza en general. Jesucristo mismo es la sana doctrina, que genera saneamiento o sanidad en el ser interior.


El daño del pecado que puede sobrevenir, recibe liberación o libertad de la esclavitud pecaminosa, para ser realmente un santo reconciliado y restaurado por Cristo Jesús. Cuando todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, es porque además del pecado de Eva también peca Adán. Por la causa de un hombre como Adán entra el pecado y sus consecuencias en el mundo. ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de Adán si no hubiera pecado? Esto en relación con la acción directa de Eva. Adán culpa a Dios porque le da a la mujer que lo induce, pero no asume su propia responsabilidad. Aquí media el pecado deliberado y voluntario. Adán y Eva tienen una condición de inocencia sin malicia antes de pecar, son como niños, pero les falta la madurez mental de pensamiento y de la relación de corazón con la composición septenaria del ser interior. El estado inicial u original de Adán y Eva es de justicia y santidad, pero la fe es individual y por medida, de manera que es propia de cada quien, no conforme a nuestras propias obras, sino en relación con las obras de Jesús. Por esta razón, sin fe es imposible agradar a Dios y la fe es certeza, convicción y seguridad. Por ejemplo, a Abraham por motivo de la fe es considerado como justo ante Dios, lo que ahora llamamos la fe en Jesucristo que nos hace justos ante el Padre. Por lo tanto, en pecado nadie verá al Señor que equivale a la paz interior y la santidad.


Así el verdadero arrepentimiento con remordimiento, requiere de la fe de certeza, confianza, convicción y seguridad, para un cambio constante, continuo y permanente de la composición septenaria del ser interior, que se manifiesta en las acciones, actos y hechos del comportamiento y conducta. El dolor y sufrimiento son herramientas para interiorizar en profundidad nuestra aceptación, identificación y reconocimiento de Jesucristo como nuestro Salvador del pecado y nuestro Señor que nos gobierna desde lo más interno de nuestro ser interior. Muchas veces la persona que tiene todo lo necesario en este mundo, se olvida de su necesidad de Cristo como puente para llegar a nuestro Dios y Padre Celestial. El vacío del ser humano nunca se llena ni sacia con los bienes y servicios terrenales, pero las aflicciones, barreras, muros u obstáculos de la vida, nos recuerda mirar hacia lo alto, al cielo de Dios donde está el Señor Jesucristo sentado a la diestra del Padre.


De manera, que vivir en pecado o recaer y reincidir en el pecado, esto ofende a nuestro Redentor y Salvador, porque se hace vana la transformación interior que recibimos en el caminar y vivir con Cristo. La voluntad del Padre es que nos apartemos o separemos del pecado mediante la santificación a través de su Hijo Jesucristo. La meta y objetivo es la vida eterna con la confianza en Cristo de llegar hasta el final. Hay un antes y un después de Cristo en la vida del ser humano, que se pierde cualquier apetito o deseo de pecar. Si la persona practica el pecado, pero muere y entrega su último aliento de vida desde su estomago y pulmones, o sea, el espíritu de vida, entonces ya no hay más oportunidad de santificación, si se muere en pecado no se recibe la glorificación de lo perfecto del cuerpo transformado de llegar a ser como ángeles fieles y leales al Hijo y al Padre Celestial. En este caso no se completa a plenitud la salvación del pecado y la vida eterna, porque se requiere a cabalidad la justificación, santificación y glorificación. El cambio corporal de humano se concluye en el cuerpo celestial de la transformación.


Entonces, una vez librados del cautiverio y de la esclavitud del pecado, con la justificación de ser nuevos justos y servidores del Hijo de Dios, resultado del nuevo nacimiento, damos frutos dignos del arrepentimiento además de la santificación, cuyo fin es la glorificación final de la vida eterna, porque la paga del pecado es muerte. La santificación de una santidad auténtica y genuina es la fidelidad y lealtad a la Dilatría, que es la adoración doble a las deidades, tanto al Hijo como al Padre en obediencia a sus voluntades. Por consiguiente, hay mandamientos del Hijo y hay mandamientos del Padre, pero ambos en unidad de propósito y sentido. Esta adoración nos permite y posibilita integralmente una transformación interna, ya que lo externo de nosotros se hace visible desde adentro, como un espejo se refleja nuestro ser interior en las acciones, expresiones y pensamientos. Somos una nueva creación que no se basa solamente en el propio esfuerzo y mérito, sino que apreciamos la dependencia absoluta de Dios, para alcanzar la meta de la salvación del pecado y la vida eterna. Esta creación implica morir al pecado pero nacer de nuevo, que es renacer o volver a nacer en la libertad de Cristo, equivalente a una condición o estado invulnerable al pecado, con un asco, náusea o repugnancia que rechaza o repudia al pecado, como mecanismo de defensa y resistencia espiritual.


Ciertamente la justificación viene de Dios, somos justos por la gracia de Dios, hay que luchar por la salvación, conscientes que el justo vivirá por la fe, no por nuestras propias obras ajenas a las de Jesucristo, sino por las obras de Jesucristo es que alcanzamos la salvación del pecado. Ahora comprendemos y entendemos claramente, que es la justicia demostrada por Cristo Jesús el Hijo de Dios, la que opera en nosotros para vida eterna. Toda persona cuando muere corporalmente, que comprende el proceso de la muerte biológica y fisiológica, requiere antes de morir una transformación de su propósito, sentido y visión en Jesucristo. Su condición y estado de preparación es previa al deceso o defunción, porque puede pasar el tiempo de decenas, centenas o miles de años, presenciado por los que están vivos, pero en la condición de muerte estos años no se perciben, porque es como un dormir sin sueños, la persona despierta y nunca fue consciente del tiempo transcurrido entre los vivos. Solo le queda el descubrir de la expectación de cómo fue conocido y visto por Dios Padre y su Hijo Jesucristo, cuando la persona resucitada vivía como terrenal.


Dios nunca induce o instiga al mal (Santiago 1.13), con frecuencia el mal es producto del mismo ser humano (Eclesiastés 8.9). Dios ve nuestra aflicción, angustia y oye nuestro clamor (Éxodo 3.7, Salmos 31.7). Todo el mundo está expuesto a la maldad (1 Juan 5.1), Dios se lamenta del mal que le ocurre a los seres humanos (Isaías 63.9), lleva cuentas de todas nuestras angustias y sufrimientos (Salmos 56.8). Algunas circunstancias o sucesos se presentan por accidentes o fortuitos, en el tiempo y sitio menos indicados (Eclesiastés 9.11), ya que son inopinados por ser inesperados y sorpresivos. Sin embargo, hay un historial de comportamiento y conducta humana que está en la presencia y manos de Dios (Hebreos 10.31), porque de ninguna manera es complaciente de la maldad y el pecado humano. Dios no se olvida del bien o del mal practicado por el ser humano (Isaías 49.15). La tendencia humana es aborrecer la sabiduría de Dios, desechar el temor de Dios, despreciar el consejo y reprensión de Dios (Proverbios 1.29 al 30). Prefieren seguir su propio camino, sus particulares consejos, destruidos por su ignorancia y echados a perder por su necedad en su propio progreso (Proverbios 1.31 al 32).


Jesucristo es la Verdad y nos hace libres, porque el conocimiento celestial de Jesucristo nos libera. Este es el nuevo nacimiento o renacer en Cristo, con el conocimiento específico de salvación del pecado, que nos da el poder del Espíritu de Dios para alcanzar la glorificación. La Biblia dice:


“Salmo de alabanza. CANTAD alegres á Dios, habitantes de toda la tierra. Servid á Jehová con alegría: Venid ante su acatamiento con regocijo. Reconoced que Jehová él es Dios: El nos hizo, y no nosotros á nosotros mismos. Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con reconocimiento, Por sus atrios con alabanza: Alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno: para siempre es su misericordia, Y su verdad por todas las generaciones” (Salmos 100.1 al 5 – \RVR1909).

Primeramente, el llamado de hacer alabanza a Dios es para los habitantes de toda la tierra, de ninguna manera es solo para una nación o pueblo exclusivo, este llamamiento es para servir a Dios con acatamiento y reconocimiento. Dios es el Creador y jamás somos creadores de nosotros mismos, nuestra dependencia y devoción es absoluta a Dios. Todos los habitantes de la tierra son pueblo suyo y somos ovejas de su prado, para bendecir su nombre. Su verdad por todas las generaciones. Esto último implica la acción y efecto de engendrar, lo que llamamos procreación. Toda la humanidad es una sola, de una misma sangre procedentes de Adán y Eva, entonces heredamos ciertos componentes biológicos y programados genéticamente desde un principio, especialmente a partir de la composición del gen de envejecimiento. Hay dos instintos humanos, que son impulsos o tendencias de origen angelical, el gen de búsqueda de Dios en la religión y el gen de rivalidad angelical.


El ser humano es un ser religioso y de rivalidad por naturaleza, ya que es innato. Esto se presenta en Abel y Caín: “Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda á Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de su grosura. Y miró Jehová con agrado á Abel y á su ofrenda; Mas no miró propicio á Caín y á la ofrenda suya. Y ensañóse Caín en gran manera, y decayó su semblante” (Génesis 4.3 al 5 – \RVR1909). Por otra parte, además de la búsqueda de reconocer la adoración, alabanza, gloria y honra a Dios, hay una transmisión de rivalidad de generación a generación: “Y habló Caín á su hermano Abel: y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató. Y Jehová dijo á Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé; ¿soy yo guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama á mí desde la tierra” (Génesis 4.8 al 10 – \RVR1909). Esto explica las interminables guerras económicas, étnicas y políticas. Guerras civiles, coloniales, por recursos naturales y religiosas, entre otras.


Se aclara que el ser humano de ninguna manera nace bueno o malo, sino que a partir de su juventud: “... porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud...” (Génesis 8.21 – \RVR1909). Cada vez a una edad más temprana en la pre-juventud: “Alégrate, mancebo, en tu mocedad, y tome placer tu corazón en los días de tu juventud; y anda en los caminos de tu corazón, y en la vista de tus ojos: mas sabe, que sobre todas estas cosas te traerá Dios á juicio. Quita pues el enojo de tu corazón, y aparta el mal de tu carne: porque la mocedad y la juventud son vainidad” (Eclesiastés 11.9 al 10 – \RVR1909). Dios permite la transmisión de religiosidad y de rivalidad como intrínseca del ser humano, porque es una réplica de la rebelión presentada en el séquito celestial, en la división interna entre ángeles fieles y leales al Hijo de Dios, los ángeles caídos que son reclutados para la rebelión y los ángeles indecisos (seres humanos). La batalla celestial se traslada al campo terrenal: “Y fué hecha una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles. Y no prevalecieron, ni su lugar fué más hallado en el cielo… fué arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12.7 al 9 – \RVR1909).


Esta batalla trasladada al campo terrenal significa que se desarrolla a través de los mismos seres humanos, con su propia responsabilidad, porque es ser humano tiene que asumir las consecuencias del resultado de sus acciones, actos y hechos desencadenantes y finales. La única influencia del ángel caído y sus ángeles es que la semilla o simiente fue germinada en el ser humano, o sea, los genes de envejecimiento, religiosidad y rivalidad. Por esta razón, también existe un fraccionamiento cristiano entre congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones. La rivalidad es mucha entre religiones cristianas, pero se presenta lo mismo con otras clases o tipos de religiones del mundo. ¿Qué dice la Biblia acerca del ángel caído y sus ángeles? La Biblia dice lo siguiente: “Porque si Dios no perdonó á los ángeles que habían pecado, sino que habiéndolos despeñado en el infierno con cadenas de oscuridad, los entregó para ser reservados al juicio” (2 Pedro 2.4 – \RVR1909). Además se confirma en el siguiente pasaje: “Y á los ángeles que no guardaron su dignidad, mas dejaron su habitación, los ha reservado debajo de oscuridad en prisiones eternas hasta el juicio del gran día” (Judas 1.6 – \RVR1909).


Las órdenes o mando del ángel caído y sus ángeles desde su encierro en el aprisionamiento, equivale a haber germinado su semilla o simiente del mal en el ser humano. Sin embargo, no tiene ningún valor culpar al adversario o enemigo de Dios, como la causa o motivo de nuestra propia caída a manera de la justificación o pretexto de Eva: “Entonces Jehová Dios dijo á la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí” (Génesis 3.13 – \RVR1909). Volviendo a los dos instintos angelicales que heredamos como seres humanos, a parte del gen de envejecimiento, éstos son impulsos o tendencias que se manifiestan de la siguiente manera: la especia humana corresponde a un solo género humano o raza humana, con un mismo propósito o sentido de vida, que trascienda su necesidad humana hacia lo celestial o divino en Dios. Siempre con su ser interior enfocado hacia lo alto, con la mirada puesta en el cielo de Dios, a través de la espiritualidad que llene su vacío con el Hijo de Dios. Hay una inclinación hacia el mal, que es superada por otra inclinación mayor que es el bien. Lo que llaman el “juicio de los razonamientos de Dios”.


La confianza en Dios es conciencia del bien y del mal y discernir sus consecuencias. Lo que a uno más le conviene es seguir y servir a Dios con todo el corazón, fuerza, mente y vida, en el nombre de su Hijo Jesucristo. El problema se presenta cuando se confunde y normaliza la necesidad de búsqueda y trascendencia hacia Dios, en el cumplimiento de una religiosidad de creencias y prácticas que nos alejan del Hijo de Dios. Los dos instintos angelicales de religiosidad y rivalidad, pueden ser controlados, dominados y modificados, porque son destructivos en el verdadero propósito y sentido de vida que es en Cristo Jesús. Una persona puede ser religiosa toda su vida, pero de qué le sirve si no es para adorar, alabar, glorificar y honrar al Hijo de Dios. La religiosidad distorsiona la relectura del sentido de religión (el vínculo de unir con lo divino). Los instintos humanos como tendencias innatas, pueden ser afectados por la adaptación del aprendizaje y educación, porque su rigidez se flexibiliza con el conocimiento, sabiduría y la acción de la práctica constante y repetitiva, por ejemplo, la disciplina, habilidades y hábitos cotidianos. La fuerza biológica y programación neuronal en lo tocante al ADN, mediante el poder de Dios se recibe la aceptación al cambio que sea para mejorar, no solamente el ser interior sino el destino final de la resurrección con el cuerpo transformado y la inmortalidad de la vida eterna:


“Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será quitado. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño, mas cuando ya fuí hombre hecho, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, en obscuridad; mas entonces veremos cara á cara: ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido” (1 Corintios 13.9 al 12 – \RVR1909).

La expresión cuando venga lo perfecto se refiere a la resurrección con el cuerpo transformado. Para llegar a esto, previamente la vida ofrece un aprendizaje continuo, porque la vida misma en su cotidianidad es una extensa gama de posibilidades de aprendizaje absoluto, según el peldaño de vida donde nos encontramos ubicados, ya sea en la escala natural, espiritual o celestial. Las personas viven en su condición o estado natural de sobrevivencia en el subsistir del diario vivir o subsistencia, mientras que al escalar o subir el peldaño de la espiritualidad o vida espiritual, las personas requieren de Dios, ya sea por amor, gratitud o por necesidad. Luego el que es partícipe de una vida espiritual, tiene la posibilidad de trascender a lo celestial, al acceder a una clase o tipo de fe que es razonada espiritualmente, según los razonamientos de Dios. El proceso del razonamiento como resultado de la acción de razonar de ninguna manera es generalizado, sino que es específico, porque la fe es un razonamiento espiritual, que conlleva certeza, confianza, convicción y seguridad de creer a y en Dios. Esto implica la fidelidad y lealtad a Dios, porque infiel es el que niega la fe o vive sin fe.


Dios dice en su palabra: “Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, Veré cuál será su postrimería: Que son generación de perversidades, Hijos sin fe” (Deuteronomio 32.20 – \RVR1909). La fe es creer y la incredulidad es no tener fe, por consiguiente el incrédulo es infiel. La fe es dar la razón a Dios, por lo tanto, la fe es el razonamiento de la razón espiritual acerca de los razonamientos de Dios. De lo contrario es la traición o el traicionar a Dios. Abraham es considerado el padre de la fe porque la Escritura dice lo siguiente acerca de él: “Y creyó á Jehová, y contóselo por justicia” (Génesis 15.6 – \RVR1909). ¿Quién tiene fe? El que tiene fe es el justo: “He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es derecha en él: mas el justo en su fe vivirá” (Habacuc 2.4 – \RVR1909). La fe no es de todos ni es para todos: “Y que seamos librados de hombres importunos y malos; porque no es de todos la fe. Mas fiel es el Señor, que os confirmará y guardará del mal” (2 Tesalonicenses 3. 2 al 3 – \RVR1909).


La fe de Jesucristo y el creer en el Evangelio de Jesucristo no es para aquellos que son incrédulos: “Mas no todos obedecen al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído á nuestro anuncio? Luego la fe es por el oir; y el oir por la palabra de Dios” (Romanos 10.16 al 17 – \RVR1909). El raciocino espiritual es fe, que viene por el oír la palabra de Dios. Esto posibilita conocer y juzgar mediante la fe razonada de la palabra de Dios, para comprender y entender el aprendizaje, enseñanza y mensaje accesible a la razón espiritual. La fe no es innata de forma natural, sino que se requiere de lo espiritual, como una gracia y habilidad especial. La fe para creer con certeza, convicción, confianza y seguridad es contraria a la ignorancia en la palabra de Dios. La falta de conocimiento en Dios no exime del acatamiento y cumplimiento de su voluntad con obediencia fiel y leal. La connotación peyorativa es el “idiotismo espiritual”, despectiva por ser aparentemente ofensiva, para aquellos que no tienen la capacidad de interpretar el significado del mensaje de la palabra de Dios y que justifican la complacencia en la maldad y el pecado, no solo de palabras sino de hechos con sus costumbres corruptas, inapropiadas y prácticas habituales inmorales. Son los delirantes insensatos que con sus acciones y expresiones de irrespeto e irreverencia demuestran su falta de temor a Dios y su desinterés en la vida eterna.


¿Por qué la frase de “idiotismo espiritual”? Porque la falta de combinación de conocimiento y sabiduría es debido a que el ser humano desecha la misma, por el agrado, gusto y preferencia de cometer la maldad y el pecado. Una práctica temporal en desprecio de una vida intemporal. Lo que la Biblia llama cambiar la bendición de la primogenitura por un estofado de lentejas. Pero este conocimiento y sabiduría no se trata de un ambiente común y natural del ser humano, sino el conocimiento y sabiduría espiritual que proviene y tiene relación con Dios: “Mi pueblo fué talado, porque le faltó sabiduría. Porque tú desechaste la sabiduría, yo te echaré del sacerdocio: y pues que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos. Conforme á su grandeza así pecaron contra mí: trocaré su honra en afrenta” (Oseas 4.6 al 7 – \RVR1909). Dios es Justo y Santo, por lo cual hace justicia y exige santidad. El ser humano es el que a su propia manera trata de justificar su inmundicia o impureza de la obsesión de maldad y pecado. Trastorna su libertad en una impunidad de libertinaje, hasta que llegue el tiempo donde Dios mismo interviene para hacer justicia. Así el ser humano desprecia la amabilidad, benevolencia, bondad y generosidad de Dios, que sin necesitar de nosotros nos da vida que no sabemos aprovechar para bien. Ante todo impera la justicia y rectitud de Dios, según el momento que determine como el cumplimiento de su tiempo.


Hay razón humana y hay razón espiritual de Dios que es mediante la fe, porque la fe no es ciega ni irracional, todo lo contrario, la fe se basa en los razonamientos de Dios: “Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne. (Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas;) Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento á la obediencia, de Cristo” (2 Corintios 10.3 al 5 – \RVR1909). La fe son los consejos de Dios: “Tú eres mi refugio; me guardarás de angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. (Selah.) Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar: Sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, ó como el mulo, sin entendimiento: Con cabestro y con freno su boca ha de ser reprimida, Para que no lleguen á ti” (Salmos 32.7 al 9 – \RVR1909). Los razonamientos de Dios son la comprensión y entendimiento de su palabra: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no estribes en tu prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu opinión: Teme á Jehová, y apártate del mal” (Proverbios 3.5 al 7 – \RVR1909).


Los principios, valores y virtudes específicos de las verdades de Dios, de ninguna manera son exclusivos para una sola nación o pueblo, ya que son el estándar mundial de la humanidad establecido por Dios: “Y OYERON los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los Gentiles habían recibido la palabra de Dios” (Hechos 11.1 – \RVR1909). Estas verdades de Dios son verdades de la fe como normas y reglas inmateriales, que se materializan en prácticas respaldadas por la energía, fuerza y poder del orden de Dios, mediante su Santo Espíritu. Los grupos locales de estudio bíblico, promueven las buenas costumbres cristianas que impulsan un mejor orden local en la sociedad, una vida social coherente con la vida de fe. La Biblia dice: “A los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este misterio entre los Gentiles; que es Cristo en vosotros la esperanza de gloria: El cual nosotros anunciamos, amonestando á todo hombre, y enseñando en toda sabiduría, para que presentemos á todo hombre perfecto en Cristo Jesús” (Colosenses 1.27 al 28 – \RVR1909).


La fe que no se agota es como el agua viva en abundancia, la crucifixión y muerte de Cristo con su redención y resurrección, es la causa para dar fe a quienes creen en Jesucristo. Esta fe tiene que abrirse camino en medio de la maldad e injusticia del mundo. El libro de Eclesiastés menciona lo siguiente: “Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos á quienes sucede como si hicieran obras de impíos; y hay impíos á quienes acaece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad” (Eclesiastés 8.14 – \RVR1909). El justo vive por fe a pesar de toda la adversidad, barreras, luchas, obstáculos y oposición, con fe se sigue hacia adelante sin mirar atrás y sin retroceder. La fe es por la gracia de Dios, una dádiva, don o regalo para nuestro beneficio espiritual, lo que algunos llaman la acción divina sobrenatural. Sin embargo, la fe es comprobable, es decir, hay una prueba de la fe (1 Pedro 1.7), que se explica con los siguientes sinónimos: constatable, demostrable, explicable y verificable, de manera que la fe por sí sola sin actuar las obras de Jesucristo es muerta (Santiago 2.17 al 18 y 26).


Esto hace que la fe sea de creencia con certeza, confianza, convicción y seguridad (Hebreos 11.1). Si hay creencia que sea complementada con la fe, entonces hay razonamiento convincente, para retener y perseverar con obediencia la voluntad de Dios que posibilita la salvación en Cristo, si no es una creencia en vano (1 Corintios 15.1 al 2). La fe combinada con la creencia se sustenta en lo que es evidente, porque sin esta fe es imposible agradar a Dios, ya que se requiere además de creer en la existencia de Dios como cierto, tener la seguridad de que la persona que busca a Dios recibe un indudable galardón o recompensa (Hebreos 11.6). A la vez con una fuerte esperanza que sea decidida y firme. La fe no es solamente fe, sino una creencia espiritual en profundidad de quienes son creyentes justos. Los que son infieles e injustos, se encuentran atrapados en un mundo corrupto, inmersos en aguas de corrupción, las aguas representan cada sociedad de pueblos y muchedumbres de naciones con diferentes idiomas (Apocalipsis 17.15), porque una vida sin Cristo no es esencial ni suficiente.


La vida terrenal es fugaz y temporal, la vida en Cristo es para vida eterna, es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14.6). La verdadera victoria del éxito espiritual transita hacia la inteligencia celestial, desde los tres tipos de conocimiento, natural, espiritual y celestial, donde este último, corresponde al conocimiento celestial de Jesucristo, la excelencia de la fe del máximo nivel. Porque alcanzar la medida de fe en Cristo, es encausar la fuerza de voluntad como detonante y motor del ser interior, enfocado e impulsado para dar un sentido de propósito a la vida en la fe de y en Cristo Jesús. La cantidad o medida de fe es directamente proporcional a la acción influenciada o motivada por la creencia. Así se refleja o manifiesta la evidencia de la práctica sin duda, según la fe y creencia. A mayor fe mayor evidencia de la creencia. Tiene comparación o relación con una fórmula de las ciencias matemáticas, como constante y equilibrio entre las partes. Pero su experticia si es experimental en el sentido de actuar en la praxis lo que es la teoría de la creencia:


“Y respondiendo Jesús, les dice: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere á este monte: Quítate, y échate en la mar, y no dudare en su corazón, mas creyere que será hecho lo que dice, lo que dijere le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estuviereis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que vuestro Padre que está en los cielos os perdone también á vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas” (Marcos 11.22 al 26 – \RVR1909).

La persona incrédula e infiel “confía” en que su creencia o pensamiento se cumpla o se realice, también la persona incrédula e infiel “espera” en que su creencia o pensamiento se cumpla o se realice. No obstante, este tipo de confianza o esperanza de ninguna manera equivalen a la “fe”, debido a que los infieles e incrédulos tampoco tienen fe, ya que la fe está ausente y son faltos de fe: “Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2.8 – \RVR1909). La fe está vinculada a la creencia en Jesucristo: “Mas encerró la Escritura todo bajo pecado, para que la promesa fuese dada á los creyentes por la fe de Jesucristo” (Gálatas 3.22 – \RVR1909). Y si Cristo no hubiera resucitado entonces sería vana la fe y estaríamos todavía en pecado (1 Corintios 15.17). Entonces, la fe es exclusiva de los creyentes y fieles, en relación con el proceso establecido que inicia con el llamamiento seguido del arrepentimiento y el remordimiento, la conversión y el resarcimiento.


El creer es una capacidad innata del ser humano natural, la fe es propia del ser humano espiritual, porque hay diferencia en creer solo que Dios existe o en confiar y hacer su voluntad: “De manera que la ley nuestro ayo fué para llevarnos á Cristo, para que fuésemos justificados por la fe. Mas venida la fe, ya no estamos bajo ayo; Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3.24 al 26 – \RVR1909). Además dice la palabra de Dios que seamos confirmados con el poder del Espíritu de Dios Padre en el ser interior, para que a través de la fe sea Cristo quien more en nuestros corazones: “Que os dé, conforme á las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu. Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor” (Efesios 3.16 al 17 – \RVR1909). Definitivamente la fe es parte solo de los creyentes y fieles, por esta razón la palabra fiel tiene relación con fe. En la fidelidad a Dios se demuestra con pruebas fehacientes, la práctica de la fe o que se es digno de fe como fidedigno.


La fe es una fe santa: “Mas vosotros, oh amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando por el Espíritu Santo. Conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, para vida eterna” (Judas 1.20 al 21 – \RVR1909). La fidelidad es la constancia materializada y tangible de la fe, demostrada y probada con acciones. Creer en Jesucristo es el primer paso, bautizarse es demostrar la fe públicamente en el Señor Jesús. No basta solo con creer, el bautismo es la fe en acción, es creer acompañado de fe: “Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio á toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16.15 al 16 – \RVR1909). La palabra de Dios dice: “Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5.25 – \RVR1909). Este vivir en el Espíritu Santo de Dios Padre es ejercer la creencia con fe en acciones con las obras de Jesucristo: “Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces: también los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?” (Santiago 2.18 al 20 – \RVR1909).


Así se cumple la justicia de Dios mediante la fe de Jesús: “Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, testificada por la ley y por los profetas: La justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen en él: porque no hay diferencia” (Romanos 3.21 – \RVR1909). Las obras de Jesucristo en nuestra práctica del diario vivir, crecen conforme madura el conocimiento en nosotros: “Mas creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 Pedro 3.18 – \RVR1909). El crecimiento y desarrollo en el creer se aumenta conforme crece el conocimiento para ser corroborado en el Señor: “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia; Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios” (Colosenses 1.9 al 10 – \RVR1909). Entre una mayor creencia y más fe, la madurez del conocimiento de leche a vianda de alimento sólido espiritual (1 Corintios 3.2, Hebreos 5.12 al 14), ayuda a corroborar al creyente maduro: “Mas la vianda firme es para los perfectos, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Hebreos 5.14 – \RVR1909).


¿Cuál es el sentido común de la fe en la comunidad de fe? Dar mayor fuerza y vivificar como un organismo vivo, la fe fortifica y refuerza el argumento, opinión y razón de la creencia, de manera que la evidencia es convincente, con certeza, confianza y seguridad. Son razonamientos frescos y nuevos del Espíritu de Dios, que revitalizan la creencia y fe del creyente que es fiel a Jesucristo. Se parafrasea y se obtiene que el común de los sentidos en la comunidad de fe a pesar del fraccionamiento cristiano, es Jesucristo el vínculo común para todos los grupos, organizaciones de índole religiosa, entre congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas, inclusive dentro de lo que llaman secta. Fuera de la comunidad de fe de Cristo, o son, monoteístas o politeístas, porque no aceptan la adoración doble a Dios Padre y a su Hijo Dios: “EN el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios” (Juan 1.1 al 2 – \RVR1909). Nos han hecho creer históricamente que la fe no es lógica ni es razonamiento, que es un misterio inexplicable para la comprensión y entendimiento humano. Todo lo contrario, lo que es de Dios tiene sentido de lógica, razón y es explicable. Por ejemplo, ¿de dónde procede Dios Padre?, siempre ha existido en la eternidad, sin principio ni fin. Así de fácil y sencillo de comprender y entender.


¿Creó Dios el mal? Dios no creó el mal, sino que creó seres con la capacidad de tomar decisiones, que las mismas no son buenas ni malas, sino las consecuencias de su resultado. ¿Creó a su Hijo con la capacidad de decidir? Sí, Dios Hijo tiene la capacidad de decidir demostrado en su preexistencia y también como ser humano. ¿La capacidad de decidir es el libre albedrío? Sí, la libre elección es aquella donde se asume compromiso y responsabilidad de la decisión. El libre albedrío es diferente del libertinaje de desenfreno en las acciones y expresiones. ¿Cuál es la relación entre el libre albedrío de Jesucristo y su predestinación? El libre albedrío de Jesucristo fue renunciar a su propia voluntad para hacer la voluntad del Padre. Su predestinación se refiere a su preexistencia y que fue destinado para venir a este mundo como ser humano. ¿Cuál es la relación entre libre albedrío y predestinación en el ser humano? La madre de las decisiones del ser humano, exclusiva u única como principal de su vida, es aceptar, identificar y reconocer el libre albedrío de Jesucristo, que es hacer la voluntad absoluta de Dios Padre. La predestinación del ser humano es su destino previo de aceptar, identificar y reconocer al Hijo de Dios, para adoración, alabanza, honra y gloria.


Si la predestinación es la destinación anterior o previa, entonces, ¿cuál es el destino previo del ser humano? En la rebelión de los ángeles portadores de luz, una parte se mantuvo fiel y leal a Dios Hijo, una tercera parte son los ángeles caídos en desobediencia y rebeldía, mientras tanto los restantes son ángeles indecisos que vienen a este mundo a tomar una decisión definitiva hacia la autoridad y potestad del Hijo de Dios. ¿Qué pasa si la comunidad internacional no reconoce que somos ángeles indecisos? Entonces considérese como una enseñanza de comparación en analogía, metáfora o parábola. ¿Si somos ángeles indecisos hay una preexistencia del ser humano? Así es, el ejemplo y modelo que encontramos en el Hijo de Dios encarnado, ya preexistía y nace como ser humano. ¿Cuál es la diferencia entre el Hijo y los ángeles indecisos? El Hijo es el único ser humano que muere, resucita con cuerpo transformado y asciende al cielo de Dios nuevamente. Los demás seres humanos están destinados a esperar la resurrección de los muertos, que en otros casos recibirán el cuerpo transformado si están con vida a la segunda venida de Jesucristo.


Por qué Dios permite que si el ángel caído con sus ángeles comenten su rebelión en el séquito celestial, se encuentre de nuevo el ángel caído en el Edén. Lo que pasa es que la primera decisión es inédita, en el sentido de que no había precedente de lo sucedido, sino que era una situación desconocida y nueva. Solamente se trata de una decisión, cuya consecuencia y resultado el ángel caído ya la conoce cuando se presenta en el Edén. Dios le posibilita una segunda oportunidad para rectificar el daño ocasionado. Sin embargo, en el caso de orientar a Adán y Eva para una decisión en obediencia a Dios, lo que hace es confundir y desorientar para mal y pecado. Esto confirma y reincide al ángel caído en el primer acto, de la creación del séquito celestial y el segundo acto de la creación humana. Luego el ADN influye en el ser humano junto con la genética del envejecimiento, más el gen de la rivalidad angelical, que científicamente se puede investigar en el gen de guerrear o de guerrero. En otras palabras, el mal es sembrado en la humanidad como una semilla germinada para traer la muerte espiritual y por último la muerte biológica y fisiológica.


El plan original es la adoración, alabanza, gloria y honra en aceptación, identificación y reconocimiento al Hijo de Dios por determinación de Dios Padre. El plan B es que el mismo Hijo viene al mundo encarnado como ser humano para rescatar y restaurar el cielo con la tierra entre ángeles fieles y leales y los ángeles indecisos, que le pertenecen como heredero de todo lo creado por decisión del Padre. ¿Qué garantiza en el futuro reino eterno de Dios Padre que no se vuelva a repetir la rebelión angelical? No habrá más maldad ni pecado porque no volverá a existir el libre albedrío de que cada quien tome sus propias decisiones. En la vida eterna prometida no hay más libre albedrío. La esperanza y la fe son temporales según su cumplimiento, pero prevalecerá el amor y caridad de Dios para siempre. (1 Corintios 13.8 al 13). Las claves de la fe se describen en varios pasajes bíblicos, por ejemplo, el siguiente: “Tú le guardarás en completa paz, cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti se ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente: porque en el Señor Jehová está la fortaleza de los siglos” (Isaías 26.3 al 4 – \RVR1909).


Está claro que lo primero es creer, luego sigue la fe por causa de oír la palabra de Dios, aún en la lectura que hacemos, nos escuchamos en el pensamiento. Hay una regeneración o acción y efecto de regenerar en la vida del nuevo creyente que cree en la palabra de Dios. Esto equivale a una reeducación de corrección y enmienda. Al oír y creer en el evangelio de Jesucristo como palabra de verdad somos sellados con el Espíritu de Dios (Efesios 1.13 al 14). Se requiere inevitablemente perseverar hasta el fin para ser salvo, porque después de creer y tener fe, hay que estar firme siempre sin cesar (2 Pedro 2.20 al 22 y Hebreos 12.15 al 17). La Biblia menciona según la medida de la fe, que algunos son de poca fe, otros piden a Dios que les aumente la fe. También los que reciben la fe especial como don del Espíritu Santo (1 Corintios 12.9). Además la palabra de Dios menciona a la fe entre los frutos del Espíritu Santo (Gálatas 5.22 y 23), ya que la fe purifica los corazones (Hechos 15.9 y Hebreos 10.22).


La falta de fidelidad de Adán y Eva provoca una disrupción o ruptura en la relación con su Creador. Así como el ángel caído arrastra en su reclutamiento la tercera parte de ángeles del séquito celestial (Apocalipsis 12.4), también de entre los tres hijos de Noé lamentablemente maldice a Canaán (Génesis 9.19 al 27). Pareciera que el diluvio de ninguna manera impide que la semilla o simiente del mal continúe entre los seres humanos, a través del corazón y la mente. Se representa en el ser interior, con la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento. Pero quien tiene al fiel y leal Noé embriagándose, por causa de la viña que planta para dejar fermentar su bebida. El que piense estar firme mire que no caiga (1 Corintios 10.12). En el caso de Abraham además de creer tiene temor a Dios y la fe le fue aceptada como justicia (Santiago 2.20 al 24), porque Abraham es justo y confía en Dios como Proveedor. Su nieto, Jacob, lucha contra Dios Hijo, que es el ángel de Dios o ángel de Jehová (Génesis 32.24 al 30).


El nombre de Jacob es cambiado a Israel, o sea, el que lucha con Dios. Da preferencia a su hijo José que provoca celos y envidia de sus hermanos, entonces es vendido como esclavo y llega hasta Egipto, luego Dios voltea esta desgracia (Génesis 50.20) en bendición como Providencia, porque Dios siempre estuvo atento a José y este todo el tiempo fue dependiente de Dios (Génesis 45.3 al 8), lo salva junto con toda su familia de la gran hambruna de siete años. Todos estos casos o ejemplos de fe, muestran como Dios da un seguimiento a los creyentes que confían con fidelidad y lealtad a su voluntad. Es como el hilo conductor que llevan una misma dirección o sentido, donde las personas se mentalizan con un mismo propósito de vida, tanto Noé, Abraham, Isaac, Jacob, José, entre muchos. Una corriente colectiva manifestada en sus individuos, pero esta fe no resta importancia al pensamiento consciente, la racionalidad y toma de decisión muy presente en la lucha de Jacob con el ángel. Estas capacidades y facultades la ciencia le ha puesto nombres en sus funciones y órganos corporales, por ejemplo, el de neocórtex de la corteza cerebral. Desde que existe el ser humano ha existido lo que la ciencia descubre y llama por su nomenclatura anatómica o corporal e investiga sus funciones vitales.


La biología del ser interior y su transmisión genética existe desde Adán y Eva hasta nuestros días. Todo ser humano que ha existido, inclusive el mismo Hijo de Dios encarnado como ser humano, ha sido provisto de actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento. Todos tenemos ego, lo que podría estar mal encaminado es el egocentrismo, egoísmo y la egolatría. Todos tenemos temperamento, pero por más rígido que sea, es factible o posible que sea controlado o regulado. Las funciones y manifestaciones de la composición septenaria del ser interior son normales para todo ser humano. Hay que aprender a convivir con esta integración en nuestro interior. Se disciplinan y ejercitan a manera de un gimnasio de nuestra interioridad, con el aprendizaje, educación y madurez. Por esta razón, se distingue entre el sufrimiento corporal o físico y el espiritual o mental. La organización estructurada y sistemática de la comunidad de fe, es como una especie de gimnasio espiritual o mental, donde nos ejercitamos para el control y dominio propio consciente de nuestro ser interior.


Se hace inevitable compilar y transcribir pasajes bíblicos para su análisis, comentario u observación, de manera que la Escritura se explica por sí misma. Por ejemplo, Romanos: “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, empero todos los miembros no tienen la misma operación; Así muchos somos un cuerpo en Cristo, mas todos miembros los unos de los otros” (Romanos 12.4 y 5 – \RVR1909). Por otra parte se dice lo siguiente 1 Corintios: “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como quiso. Que si todos fueran un miembro, ¿dónde estuviera el cuerpo? Mas ahora muchos miembros son á la verdad, empero un cuerpo. Ni el ojo puede decir á la mano: No te he menester: ni asimismo la cabeza á los pies: No tengo necesidad de vosotros” (1 Corintios 12.18 al 21 – \RVR1909). Otro ejemplo en Efesios: “Antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, a saber, Cristo; Del cual, todo el cuerpo compuesto y bien ligado entre sí por todas las junturas de su alimento, que recibe según la operación, cada miembro conforme á su medida toma aumento de cuerpo edificándose en amor” (Efesios 4.15 al 16 – \RVR1909).


El siguiente ejemplo en Colosenses: “Y no teniendo la cabeza, de la cual todo el cuerpo, alimentado y conjunto por las ligaduras y conjunturas, crece en aumento de Dios” (Colosenses 2.19 – \RVR1909). Además, a continuación un ejemplo de Hebreos: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4.12 – \RVR1909). Todos estos pasajes comprueban a la comunidad de fe como un organismo vivo, a manera de una analogía o comparación entre lo que es comunitario y la composición anatómica, corporal o fisiológica. La comunidad de fe puede sufrir, así como el cuerpo puede sufrir con alguno de sus órganos externos o internos. Todos los miembros en la comunidad comparten conocimiento, habilidades y el sentido común, dentro de la colectividad en sincronía con sus partes entre los individuos o integrantes internos. Así funciona el organismo viviente en todo lo corporal, biológico y mental, con múltiples funciones bidireccionales e interconectadas.


En términos generales el dolor y el sufrimiento son parte natural del ser humano, hay que aprender a sobrellevar la condición o estado que en cada persona no está exenta ni inmune de padecer o sufrir, porque es una vivencia probable en algún momento de la vida. Este dolor o sufrimiento es integral, ya sea en el aspecto del ser interno, corporal o mental, porque la persona es una sola en todo su ser. Afecta lo anímico, espiritual, fisiológico, moral y social en unidad, cuando se desestabiliza alguna de estas áreas afectadas con dolor y sufrimiento en personas que están ansiosas, deprimidas, estresadas y frustradas. Cada situación personal es diferente y propia de cada uno, en lo particular algunos tiene mayor o menor capacidad y habilidad para confrontar o enfrentar sus circunstancias. Dios no quiere el mal de nadie aunque si permite que se haga o impere la justicia. La Biblia dice: “Por tanto, varones de seso, oídme; Lejos esté de Dios la impiedad, Y del Omnipotente la iniquidad. Porque él pagará al hombre según su obra, Y él le hará hallar conforme á su camino. Sí, por cierto, Dios no hará injusticia, Y el Omnipotente no pervertirá el derecho” (Job 34.10 al 12 – \RVR1909).


Entonces, los padecimientos del ser humano tienen causa y origen del mismo ser humano. Por ejemplo, hay consecuencia en el resultado de nuestras propias decisiones. El estilo de vida que no es saludable. La mala alimentación en el aspecto nutricional, el desorden o falta de descanso y de dormir lo necesario, la hidratación insuficiente y demás descuidos personales. La falta de actividad o ejercicio físico y el sedentarismo. Las adicciones, costumbres perjudiciales y hábitos inadecuados, indisciplina y vicios. La apariencia y presión social con la competitividad, el desempleo, la pobreza, los problemas económicos y el status social. La conducción temeraria y con la alcoholización. Abandono o traumas desde la infancia. Las necesidades de psicoterapias y la atención a los trastornos mentales. Las guerras y persecuciones. Entre muchas otras causas y problemáticas actuales, inclusive criminales y delictivas. Desde lo individual o personal hasta lo colectivo o social. Hay mucha complejidad del motivo de dolor y sufrimiento, para tener que culpar a Dios por todo. El mismo ser humano desestima los principios, valores y virtudes que podrían conservar y mantener una salud social, sin embargo, la sociedad está enferma en lo ético y moral. Abunda el apetito concupiscible en lo material y terrenal, pero aferrados a la concupiscencia en la maldad y el pecado.


El nacer de nuevo o nuevo nacimiento en Cristo implica el desaprender y reaprender. Todo el organismo corporal y mental del ser humano, tiene una estructura y sistema de comunicación e interconexión bidireccional, para la autorregulación de su propio funcionamiento y mantenimiento integrado. El ser humano como unidad integral en la composición y propiedades de su mecanismo y medio interno, donde interviene la mente con todo el sistema nervioso o neurológico, el sistema endocrino con las hormonas y el sistema inmunitario para las defensas, nos enseña como referencia que hay toda una organización biológica, fisiológica, genética, química, entre otros, que participan bidireccionalmente entre el cuerpo y la mente. Así la composición septenaria del ser interior, sea la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento, como ser interactivo, o sea, procede con interacción de sus áreas, componentes o partes. El aprendizaje desempeña un papel fundamental e indispensable durante toda la vida de la persona, lo mismo en un nuevo nacimiento en Cristo. Se trata de conocimiento que se suma a nuestro organismo para crecer y desarrollar como mejores personas, tanto en comunidad como en lo individual, en lo biológico, psicológico y social.


Jesucristo nos ofrece el poder para mejorar, inclusive con la ayuda del Espíritu Santo de Dios Padre (Juan 16.7, 14.16 al 17, 14.26 y 15.26). El consuelo es el alivio y descanso de un dolor y un sufrimiento causado por la fatiga, molestia y pena que aflige y oprime el ánimo. La Biblia tiene asesoramiento y consejos para mejoramiento personal. Una persona con dolor corporal recurre al especialista médico, en el caso del sufrimiento mental que se manifiesta y refleja una dolencia psicosomática en el cuerpo, también hay especialistas en psicología con terapia cognitiva conductual, o sea, el tratamiento es escuchar la afectación del pasado de la persona, para tratar con conocimiento que mejore su conducta. Lo que llaman el comportamiento disfuncional y negativo, que requiere un cambio de los patrones en el pensamiento y mejora de las habilidades. Tenemos previamente conceptos y juicios de valor que creemos e interpretamos, de sí mismos y del mundo circundante. Se requiere más lo que construye y edifica que lo que destruye. Todo esto afecta y repercute en las acciones y reacciones generadas desde nuestro ser interior de la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento.


En nuestros tiempos se vislumbra la importancia a las habilidades blandas o suaves para mejorar la personalidad y a la inteligencia emocional, en relación con las emociones, pero se requiere tratar con un tipo de terapia del ser interior que incluya su composición septenaria, en su totalidad, ya que las emociones y personalidad son solo una parte del ser interior. También se requiere tomar en cuenta la actitud, carácter, ego, sentimientos y temperamento. Esta formación es necesaria en la relación del núcleo familiar desde la infancia: “Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella” (Proverbios 22.6 – \RVR1909). La mayor transmisión al infante es aprendida con los modelos de ejemplo que ven en sus padre y parientes cercanos. Educar y enseñar con la práctica del ejemplo. Ser prototipos de principios, valores y virtudes es principal frente a los niños, para su crecimiento y desarrollo de conocimiento, comportamiento y conducta. La continuidad o seguimiento se da con la educación académica, escolar o media.


Muchos diagnósticos de ansiedad, depresión, estrés y frustración prescritos con medicamentos, se tratan temporalmente de condiciones o estados naturales y normales propios del ser humano, como aflicción, decepción, desánimo, fatiga, enojo, incertidumbre, miedo, pereza, preocupación, soledad, tristeza. Qué su solución está en empoderar y madurar el ser interior de la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento. Tener la capacidad de control y dominio propio en el manejo o resolución de conflictos, ya sean internos o propios o en la habilidad socioemocional y de relación interpersonal. Existe el dolor y sufrimiento psíquico en relación con la mente y el ser interior. Hay casos donde la falta de dinero para las necesidades básicas, ocasionan múltiples afectaciones anímicos y morales, máxime cuando la persona tiene compromiso y responsabilidad con el conyugue o con los hijos. Una vez resuelta la situación económica del dinero, de forma instantánea se resuelve su inestabilidad psicológica, con el alivio de hacer frente y estar al día de todos sus pagos y gastos necesarios.


En los casos de la afectación de origen que no es interno de la persona sino proveniente de lo externo, como un abandono, abuso sexual, acoso escolar, agresión, desamor, divorcio o separación por infidelidad conyugal, esclavitud laboral, injustica y trata de personas, entre otros, se requiere de una restauración con un ser interior muy fortalecido o fuerte. Para la sanidad de sí mismo, lo más doloroso y sufriente en todos estos casos es que la víctima no se victimice más, sino que tenga la capacidad y facultad de perdonar. El nacer de nuevo es un nuevo comienzo, una segunda oportunidad de vivir cada vez mejor. Donde no permite que le hagan más daño, pero tampoco se permite así mismo volver a pecar en gratitud a Dios por su ayuda. No sentirse culpable o con vergüenza, sino estimarse a uno mismo y saber que ante Dios hay un responsable. La dificultad de perdonar es que hay casos donde se recurre a Dios para que haga justicia, especialmente cuando el paciente no quiere externar y procesar sus traumas pasados, pero muchas veces la justicia de Dios no es inmediato, sino que tarde o temprano, en el tiempo de Dios llega la justicia divina.


Mientras tanto la persona afectada además de perdonar, pensando en su propia salud, desahoga su pena con el duelo del pasado para sanidad y cambia a una nueva mentalidad de madurez, más que biológica es un madurar en lo espiritual, confiando en el poder del Poder Superior o Ser Supremo. Toda esta descripción detalla características propias del ser humano en su cotidianidad, acontecimientos, circunstancias o sucesos, que algunas personas culpan a Dios, sin embargo, el ser humano tiene que asumir su propia responsabilidad y el compromiso delante de Dios. Lo que Dios permite no es que Dios lo provoque, sino solamente lo que Dios quiere. Muchas situaciones permitidas por Dios son provocadas por el ser humano, según su decisión y libre albedrío. Detener la maldad y el pecado es acabar y terminar con la destrucción del mundo y del ser humano, para que de esta manera ya no exista más, porque donde hay un humano se presenta la posibilidad de realizar algo mal, con sus defectos y errores, con sus maldades y pecados. Dios da tiempo al mundo para que considere su camino. Debido a la persistente desobediencia y mal camino del ser humano, entonces se le dice: “Jehová te herirá de tisis, y de fiebre, y de ardor, y de calor, y de cuchillo, y de calamidad repentina, y con añublo; y perseguirte han hasta que perezcas” (Deuteronomio 28.22 – \RVR1909).


¿Por qué Dios castiga si es bueno? Dios al que ama castiga porque disciplina al que tiene por hijo (Proverbios 3.12, Hebreos 12.6 al 7). Es un castigo para el beneficio de participar de la justicia y santidad de Dios (Hebreos 12.11). Hay otro tipo de castigo, que es el ser humano que se castiga así mismo con su desobediencia. Dios procede a hacer justicia de que la humanidad reciba lo que merece, como resultado de sus acciones, sea según el bien o el mal. El mismo ser humano cuando escoge el mal, las consecuencias son el resultado de su elección, debido a que cosecha y recoge según lo que siembra. Se exige una conexión o relación íntima o personal con Dios, pero también se obliga a la práctica de la consagración, justicia y santidad. Esta relación es una experiencia viva, mediante Jesucristo como ejemplo, modelo y prototipo de vida. Además del propósito, sentido y la razón de ser por medio del Hijo de Dios. La recomendación es cumplir con dar afecto al prójimo, porque se recibe afecto de Dios, además de acatar con el impuesto o tributo, respeto o temor, honor o honra: “Pagad á todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que pecho, pecho; al que temor, temor; al que honra, honra. No debáis á nadie nada, sino amaros unos á otros; porque el que ama al prójimo, cumplió la ley” (Romanos 13.7 al 8 – \RVR1909).


La exigencia es del más alto nivel, ya que el pensamiento y realidad de Dios está por encima de todo, mientras que el ser humano crea su propio camino y realidad, diferente al establecido por Dios. Semejante a lo que se presenta en la construcción de la torre de Babel, donde el ser humano con sus acciones pretende esquivar o evadir la autoridad y potestad de Dios, que siempre hace justicia por ser Justo y Santo: “Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Génesis 18.25 – \RVR1909). Prevalece la justicia divina: “Porque es justo para con Dios pagar con tribulación á los que os atribulan; Y á vosotros, que sois atribulados, dar reposo con nosotros, cuando se manifestará el Señor Jesús del cielo con los ángeles de su potencia” (2 Tesalonicenses 1.6 al 7 – \RVR1909). Se confirma lo siguiente: “Porque recta es la palabra de Jehová, Y toda su obra con verdad hecha. El ama justicia y juicio: De la misericordia de Jehová está llena la tierra” (Salmos 33.4 al 5 – RVR1909).


El ser interior tiene siete componentes que requieren de sentido común y sincronía entre sus partes, la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento. Este es el sentido común, el del ser interior, la conexión íntima y personal con Dios, a quién se dará cuentas del proceder del ser interior en nuestro diario vivir: “Misericordia y verdad no te desamparen; Atalas á tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón: Y hallarás gracia y buena opinión En los ojos de Dios y de los hombres. Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no estribes en tu prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu opinión: Teme á Jehová, y apártate del mal” (Proverbios 3.3 al 7 – \RVR1909). El ser interior es un estándar para todo ser humano, independiente de su ambiente,clima, cultura, idioma o zona geográfica de domicilio. Es un agente y elemento de uniformidad. El común de todo ser humano es su composición septenaria del ser interior. Aquí es donde se genera el bien o el mal de cada persona, que desde lo interno se manifiesta externamente en la persona, con sus acciones, actos y hechos según su comportamiento y conducta. La Biblia fundamenta el sentido común igual en todo ser humano con las siguientes citas bíblicas:


1) “Y Jehová respondió á Samuel: No mires á su parecer, ni á lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16.7 – \RVR1909).


2) “Los errores, ¿quién los entenderá? Líbrame de los que me son ocultos. Detén asimismo á tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí: Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío” (Salmos 19.12 al 14 – \RVR1909).


3) “Salmo de David. JUZGAME, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado: Confiado he asimismo en Jehová, no vacilaré. Pruébame, oh Jehová, y sondéame: Examina mis riñones y mi corazón. Porque tu misericordia está delante de mis ojos, Y en tu verdad ando” (Salmos 26.1 al 3 – \RVR1909).


4) “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría” (Salmos 51.6 – \RVR1909).


5) “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmos 51.10 – \RVR1909).


6) “Cuán dulces son á mi paladar tus palabras! Más que la miel á mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia: Por tanto he aborrecido todo camino de mentira. NUN. Lámpara es á mis pies tu palabra, Y lumbrera á mi camino” (Salmos 119.103 al 105 – \RVR1909).


7) “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: Pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno” (Salmos 139.23 al 24 – \RVR1909).


8) “Candela de Jehová es el alma del hombre, Que escudriña lo secreto del vientre” (Proverbios 20.27 – \RVR1909).


9) “Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36.26 al 27 – \RVR1909).


10) “Y guardaos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos? Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos” (Mateo 7.15 al 17 – \RVR1909).


11) “Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque limpiais lo que está de fuera del vaso y del plato; mas de dentro están llenos de robo y de injusticia” (Mateo 23.25 – \RVR1909).


12) “Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera se haga limpio! Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque sois semejantes á sepulcros blanqueados, que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad. Así también vosotros de fuera, á la verdad, os mostráis justos á los hombres; mas de dentro, llenos estáis de hipocresía é iniquidad” (Mateo 23.26 al 28 – \RVR1909).


13) “Mas decía, que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7.20 al 23 – \RVR1909).


14) “Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariseos lo de fuera del vaso y del plato limpiáis; mas lo interior de vosotros está lleno de rapiña y de maldad. Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro?” (Lucas 11.39 al 40 – \RVR1909).


15) “Mas es Judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es de los hombres, sino de Dios” (Romanos 2.29 – \RVR1909).


16) “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros. Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte? Gracias doy á Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo á la ley de Dios, mas con la carne á la ley del pecado” (Romanos 7.21 al 25 – \RVR1909).


17) “Lo cual también hablamos, no con doctas palabras de humana sabiduría, mas con doctrina del Espíritu, acomodando lo espiritual á lo espiritual. Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente. Empero el espiritual juzga todas las cosas; mas él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.13 al 16 – \RVR1909).


18) “Por tanto, no desmayamos: antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior empero se renueva de día en día. Porque lo que al presente es momentáneo y leve de nuestra tribulación, nos obra un sobremanera alto y eterno peso de gloria; No mirando nosotros á las cosas que se ven, sino á las que no se ven: porque las cosas que se ven son temporales, mas las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4.16 al 18 – \RVR1909).


19) “Por esta causa doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo, Del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra, Que os dé, conforme á las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu. Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor, Podáis bien comprender con todos los santos cuál sea la anchura y la longura y la profundidad y la altura, Y conocer el amor de Cristo, que excede á todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y á Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos ó entendemos, por la potencia que obra en nosotros, A él sea gloria en la iglesia por Cristo Jesús, por todas edades del siglo de los siglos. Amén” (Efesios 3.14 al 21 – \RVR1909).


20) “No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó, por el lavacro de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo; El cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, Para que, justificados por su gracia, seamos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna. Palabra fiel, y estas cosas quiero que afirmes, para que los que creen á Dios procuren gobernarse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles á los hombres” (Tito 3.5 al 8 – \RVR1909).


21) “Por lo cual, este es el pacto que ordenaré á la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en el alma de ellos, Y sobre el corazón de ellos las escribiré; Y seré á ellos por Dios, Y ellos me serán á mí por pueblo” (Hebreos 8.10 – \RVR1909).


22) “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre á los santificados. Y atestíguanos lo mismo el Espíritu Santo; que después que dijo: Y este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en sus corazones, Y en sus almas las escribiré: Añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados é iniquidades. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecado” (Hebreos 10.14 al 18 – \RVR1909).


23) “Considerando vuestra casta conversación, que es en temor. El adorno de las cuales no sea exterior con encrespamiento del cabello, y atavío de oro, ni en compostura de ropas; Sino el hombre del corazón que está encubierto, en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3.4 – \RVR1909).


Finalmente, la teodicea neobiblista toma en cuenta que las Escrituras aclaran que el Espíritu Santo es el mismo Espíritu de Dios Padre. Además que el único que fue persona con personalidad encarnada es el Hijo de Dios (1 Pedro 1.10 al 11). El mismo poder del Espíritu Santo del Padre que opera en el Hijo también mora en todos los hijos de Dios (Romanos 8.9 al 11). Dios es uno frente a los dioses falsos e ídolos (Isaías 44.8 al 10). La unidad entre el Padre y el Hijo es en propósito y sentido, así como los hijos de Dios son uno con el Hijo (Juan 17.20 al 23). El Padre es mayor que el Hijo (Juan 14.28) y el Padre tiene su sola potestad (Mateo 24.36, Marcos 13.32). El Hijo tiene vida en sí mismo así como el Padre tiene vida en sí mismo (Juan 5.26). Dios Padre es Yahvé Padre y Dios Hijo es Yahvé Hijo (Zacarías 3.2). Este análisis es importante porque bíblicamente hay claridad acerca de la justicia, en donde según el pasaje bíblico se ejerce una justicia de Dios Padre o en otros casos el que actúa para hacer justicia es el Hijo de Dios. Hay que saber diferenciar durante la lectura de la palabra de Dios.