Hay un actuar que es resultado de nuestra forma de ser, de la personalidad, del temperamento, entre otros, que por consecuencia agrada o desagrada a Dios. Por ejemplo, en el caso de Caín está escrito: “Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda á Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, y de su grosura. Y miró Jehová con agrado á Abel y á su ofrenda; Mas no miró propicio á Caín y á la ofrenda suya. Y ensañóse Caín en gran manera, y decayó su semblante” (Génesis 4.3 al 5 –
La Biblia dice: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo” (Hebreos 11.4 –
Otro caso aceptable y recomendado es el siguiente: “Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4.18 al 19 –
Este ser interior representado en nuestro olor fragante, sacrificio acepto, agradable ante Dios, combina fe y razón como un culto que sea racional: “... presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable á Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis á este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12.1 al 2 –
El ser interior es la providencia de Dios para que el ser humano busque y logre la felicidad de la confianza plena en Dios, por consiguiente, el ser interior es la causalidad del efecto de la felicidad, al lograr el equilibrio y estabilidad completa de la composición septenaria del ser interior, ya que se produce la felicidad de buscar a Dios y obedecer su voluntad. No hay temor contra el mal, la Biblia dice: “En el día que temo, Yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra: En Dios he confiado, no temeré Lo que la carne me hiciere” (Salmos 56.3 al 4 –
Hay una coordinación entre la mente y la reacción corporal, para el comportamiento y la conducta humana afectada por sus factores biológicos, genéticos y sus órganos vitales, entre los mismos el cerebro y el sistema nervioso, junto con la relación de su entorno físico y material. Obsérvese en la acción de Abel y Caín que ambos presentan una ofrenda visible, resultado de la invisibilidad del ser interior de cada uno. Ahora la ciencia está más avanzada, por lo tanto, explica la composición integral del ser humano y su reacción bioquímica para actuar, según el diseño, estructura y función química del ser humano. Lo interno del ser humano tiene una interacción física y fisiológica con lo externo del entorno material, inclusive su apego a lo terrenal. Esto amerita que Jesucristo sea nuestra atención, centro y enfoque en la conciencia del diario vivir, según su ejemplo y modelo, que fue demostrado con su enseñanza y la práctica durante su vida de obediencia y santidad:
“Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1.13 al 15 –\RVR60 ).
El ser interior incluye la esencia y plenitud del ser, en relación con lo que soy, junto con el estar de las emociones y sus consecuentes sentimientos. Las emociones son muy cambiantes en el instante del ahora y el aquí, según nuestra reacción automática o espontánea del momento en un lugar o situación específica. Se dice que las emociones pueden nublar el juicio y afectar las decisiones. Entonces, si en las emociones intervienen sistemas fisiológicos, como el límbico y nervioso, además de la química del organismo, neurotransmisores y hormonas, cómo hacer que sean más racionales. Se requiere controlar los impulsos anímicos de manera inteligente, de acuerdo con el conocimiento de causa consciente y previa, que aprovecha la experiencia propia o el aprendizaje de la experiencia vivida en otras personas. Esto posibilita educar la voluntad antes del acontecimiento presentado, para mejorar el control de decisión y orden de prioridad conductual. La conciencia adquirida con la lectura, meditación, oración y reflexión, ayuda cabalmente a madurar el ser interior, que a la vez contribuye para administrar las emociones con la madurez necesaria. Bien dicho que el buen juicio, prudencia y sensatez, posibilita el crecimiento y desarrollo psicosocial, para administrar y controlar los impulsos irreflexivos, además contrarrestar la concupiscencia o malos deseos.
Este educar la voluntad corresponde a un reeducar la voluntad con la capacidad de comprender y entender. Se requiere hacer conciencia constante y continua con el análisis, comentario, estudio e investigación detallada y en profundidad de la palabra de Dios, tanto en comunidad como en forma individual. Consiste en encontrarse así mismo y estar preparado como una persona precavida y previsora, ante cualquier embate fortuito, que sea repentino y que nos tome por sorpresa, pero que se pueda enfrentar con la capacidad y fortaleza de resistir, cualquiera que sea la eventualidad y con una preponderante anticipación de dominio y preparación del ser interior. Esto durante el encuentro cotidiano de la normalidad o en las amenazas y riesgos ofrecidos por la adversidad y los obstáculos presentados diariamente.
El verdadero ser consciente es el ser interior en su máxima condición de conciencia del sentido de vida en Jesucristo, quien dijo lo siguiente: “Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer” (Juan 15.4 al 5 –
El discipulado del evangelio de Jesús, consiste en que Jesucristo es el conocimiento vivencial para conocer y practicar su enseñanza de ejemplo y modelo de vida. Además Jesús menciona lo siguiente: “Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15.9 al 11 –
Por ejemplo, en la simbología del prisma de vidrio su comparación y significado es el siguiente: el prisma y la luz blanca representa los siete componentes del ser interior, así como la luz blanca en el prisma contiene siete colores. En el caso de su interpretación, el prisma y la luz blanca es la fe propia de Jesús y a la vez es la fe que tenemos en Jesús. Así como la luz se descompone en siete colores, el ser interior tiene siete componentes. Aunque se aclara que los colores aumentan con la degradación del color entre uno y otro en gamas de intensidad. La comparación también se puede realizar según los componentes de gases del sol, porque la luz solar es natural, pero Jesucristo es el proveedor de la luz de fe espiritual. La fe que transmite la persona de Jesús histórico y la fe que depositamos en Jesús Redentor y Salvador, es el catalizador para nuestra activación mental y reacción corporal de los siete componentes de la fe en nuestros siete componentes del ser interior:
1) violeta – actitud con virtud,
2) añil (azul marino) – carácter con ciencia,
3) cian (azul celeste) – ego con templanza,
4) verde – emociones con paciencia,
5) amarillo – personalidad con temor de Dios,
6) anaranjado – sentimientos con amor fraternal,
7) rojo – temperamento con caridad.
Así como el ser interior se integra de la composición septenaria, también requiere los siete componentes que integran la fe de y en Jesucristo. Acerca de los siete componentes de la fe como un todo, la Biblia dice al respecto:
“Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia; Y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios; Y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal caridad. Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Mas el que no tiene estas cosas, es ciego, y tiene la vista muy corta, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (2 Pedro 1.5 al 10 –\RVR1909 ).
El efecto de la fe, es como la sinergia de coordinación solidaria y cooperación concertada de cada uno de sus componentes, requeridos para cumplir la función de la fe, ya sea, virtud, ciencia, templanza, paciencia, temor de Dios, amor fraternal y caridad. Es una sinergia porque su eficiencia se logra con la suma de la totalidad de sus componentes, con la coherencia de la conexión y unión entre cada componente, además de la ecuanimidad de la constancia y equilibrio entre sus partes. Por lo tanto, si el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo es el conocimiento celestial, mas el que no tiene la fe de y en Jesús, con la integración y totalidad de los componentes de la fe, según se confirma en el pasaje anterior, es ciego y tiene la vista muy corta, porque se limita solo a lo natural, sin lo espiritual y sin trascender a lo celestial. La Biblia dice:
“Entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás. Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos; Y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús, Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2.3 al 7 –\RVR1909 ).
Mediante la práctica de hacer la obra de Jesucristo en nosotros, para que andemos y nos ocupemos tras los pasos de Jesucristo y proceder conforme a su obra. En este sentido, la fe de y en Jesucristo viene a ser la bujía o detonante en el ser interior a manera de un motor, generador de energía y poder especial que atañe a lo relacionado con la salvación y vida eterna. En el caso del ser interior en su integridad, sobresale en la bioquímica de la actividad y proceso cerebral, el estímulo mental para proceder en el comportamiento y conducta que tiene relación con la salvación y vida eterna ofrecida por Jesús. Es el mismo procesamiento de construcción del conocimiento, pero en este caso un conocimiento superior, que sobrepasa lo meramente natural.
Algunos consideran indispensable aprender a aprender y por consiguiente aprender a vivir. El término que podría tener relación es lo que algunos llaman metacognición, útil para la vida cotidiana y práctica, en este caso sería una metacognición de la fe, que se encuentre encima o sobre el conocimiento natural, con la fe de la certeza, confianza, convicción y seguridad en el Hijo de Dios: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12.2 –
Se dice que la metacognición tiene relación con la capacidad de la persona de un tipo de pensamiento, en un orden superior, que sobresale como reflexivo en la atención y detenimiento, de su propio proceso de aprendizaje y pensamiento. Es decir, la persona es capaz de conocer y entender, lo que se conoce como echar de ver, su exclusiva y particular autocrítica de su comportamiento y legado, producto de su saber ordenar y organizar su proceso mental de pensamiento. Se podría decir que es una forma de concienciar la conciencia, o sea, adquirir conciencia de que es consciente y tomar control pleno de la intención y voluntad inherente de forma deliberada. La metacognición es como el conocimiento de su conocimiento, que abarca desde el control del proceso de construcción mental de cada pensamiento, por esta causa, la existencia de la diferencia de pensamientos negativos o positivos, hasta evaluar y examinar el resultado de este proceso, para una decisión final y determinación clara, lúcida y sensata. Por esta razón, existe la intención y voluntad buena o mala.
La Biblia confirma lo siguiente: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor á los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Timoteo 2.19 –
Los principios, valores y virtudes de Jesucristo, subyacen en la mente como sustancia que no se ve, pero que se demuestra con las acciones y testimonio, esperados en un creyente practicante de Cristo. Es un compuesto que no se ve, pero que se hace visible con los hechos del cumplimiento y obediencia a la palabra de Dios, en acción y verbo. Es parte de la fórmula de Dios y es preciso que el que busca y se acerca a Dios, crea en los principios, valores y virtudes de Jesucristo, para recibir la recompensa de la fe de y en Jesucristo. La Biblia dice: “Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, Mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5.22 al 25 –
Estos son los siete sistemas más generales, hay otros siete adyacentes y complementarios, también que operan en conjunto, por ejemplo: articular (cartílagos – dientes – uniones óseas), dactilar e identificación única (huellas de los dedos – iris del ojo – ADN), endocrino (hormonas), excretor (orina y sudor), inmunológico (defensa del organismo con células – glóbulos blancos), linfático (órganos y tejidos de defensa inmunológica) y tegumentario (cabello – piel –uñas). Entonces, hay un área mental que interactúa bidireccionalmente con el cuerpo, la mente proporciona la capacidad de generar pensamientos, ya sean negativos o positivos, según su grado de afectación, que sea favorable o perjudicial a alguno de los componentes del ser interior o inclusive a toda su composición en general. Los principios, valores y virtudes subyacen y emergen para influir en el resultado y sentido del pensamiento en el buen camino del aprender, enseñar y vivir, por esta razón la Biblia dice: “Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella” (Proverbios 22.6 –
Algunos defienden la existencia de niveles mentales, entre los mismos el consciente, inconsciente y subconsciente, pero cuando se trata de principios, valores y virtudes, aunque se encuentren ocultos en modo de espera y suspensión, sobresalen activamente y prevalecen en las adversidades, dificultades, pruebas y tentaciones, para conservar y mantener la esencia e identidad del ser interior: “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.16 –
Los principios, valores y virtudes de Cristo subyacen vivos en nuestra mente, corresponde a una doctrina viva de Jesucristo, nunca están inertes, incapaz de reacción o paralizados sin vida, sino atentos y vivos para vivir la reacción de Cristo en nosotros, la verdadera defensa del evangelio de poder y vida de Cristo en su comunidad de fe: “Dícele Jesús: Porque me has visto, Tomás, creiste: bienaventurados los que no vieron y creyeron. Y también hizo Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. Estas empero son escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20.29 al 31 –
Así como subyace en la mente individual, también subyace en la mente colectiva de comunión con Cristo, para trascender como una auténtica y fiel comunidad de Cristo: “Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos” (Mateo 18.20 –
El desestimar y tener en poco a Dios es como aborrecer y hacer un desprecio a su autoridad, majestad y potestad. Es un asunto de reconocer el bien del mal con discernimiento y tener un ser interior consistente, firme y sólido contra el mal. La Biblia dice:
“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10.11 al 13 –\RVR60 ).
La madurez del ser interior consiste en que sus siete componentes se fusionan en una unidad de propósito y sentido, sus coyunturas espirituales se ayudan mutuamente y oportunamente, para avanzar, crecer y desarrollar el mismo ser interior en un todo, con un rumbo coordinado y sincronizado entre sus partes y un destino definido, que sea con la vocación espiritual de claridad de meta y objetivo, para el despegue y desprendimiento de lo terrenal hacia un punto de llegada en la promesa celestial. Es función propia del ser interior irradiar, sea lo bueno o lo malo, en algunas culturas consideran la existencia de un aura en torno al ser humano, lo que llaman la periferia de la persona, que se dice que es una especie de emanación energética alrededor del cuerpo y que corresponde a un tipo de halo, en alusión a cierta iluminación y matiz de color, que identifica el estado de la presencia anímica, mediante luminiscencia corporal, en el contorno del cuerpo físico. Todo esto representa un simbolismo y un significado, especialmente cuando se trata de interpretar los diferentes colores que se manifiestan. Lo más parecido a toda esta descripción comparado con lo que menciona la Biblia, es que seamos luz e irradiemos luz:
“Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y alumbra á todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5.14 al 16 –\RVR1909 ).
La luz se hace visible en las buenas obras, por supuesto, las obras que son del ejemplo y modelo de Jesucristo. Las decisiones no son buenas ni malas, sino la consecuencia de su resultado. La decisión por sí misma es como la idea o pensamiento teórico, pero su consecuencia y resultado es la acción práctica. Se pretende la posibilidad de una decisión más consciente, sin la ceguera de la ofuscación, que sea influenciada por una paz armónica del ser interior con la quietud, tranquilidad, serenidad y sosiego en el estado anímico. La Biblia dice: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4.7 –
Este resplandecer del rostro, cuando hay una cercanía y equilibrio con Dios, representa la alegría y satisfacción de nobleza en el brillo que emana desde el ser interior. La Biblia afirma lo siguiente: “Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú diste alegría en mi corazón, Más que tienen ellos en el tiempo que se multiplicó su grano y su mosto. En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me harás estar confiado” (Salmos 4.6 al 8 –
Estos principios, valores y virtudes que equivalen a la enseñanza, ejemplo y modelo de vida, transmitido por Jesucristo en su evangelio e historia de vida, se suma a toda su fidelidad, lealtad y obediencia a Dios Padre. De la teoría a la práctica, así es la transición y trascendencia al conocimiento celestial, es hacer la voluntad de Dios, mediante el ejercicio y práctica de la enseñanza aprendida y recibida de Jesucristo, nuestro Maestro, Salvador y Señor. La Biblia dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10.17 –
Estos principios, valores y virtudes de Jesucristo, son impregnados previamente en la psique, en la intención y la voluntad, con la anticipación o precedencia necesaria para confrontar y enfrentar las adversidades y vicisitudes dañinas y negativas, especialmente con el conocimiento previo, para contrarrestar y resistir las asechanzas y tentaciones del pecado: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención” (Efesios 4.30 –
La ausencia de la devoción e interés en la espiritualidad y trascendencia celestial, preserva a la persona en un estado permanente de ignorancia en lo que atañe a la salvación y vida eterna. Máxime cuando, además del desinterés e ignorancia, el motivo principal se origina por una indiferencia en superar la adicción, costumbre y hábito del placer carnal de concupiscencia y pecado. Esta práctica de la maldad se constituye en una cárcel o prisión del ser interior en la misma mente, porque el ser interior se encuentra privado de la libertad en Cristo, con las cadenas y grilletes que lo sujetan al mal desde su propia mente encadenada. Jesucristo es el libertador de la mente de frustración y opresión psicológica, esclavizante del estrés psicológico, con las consecuentes reacciones o trastornos, ya sean mentales o psicosomáticos, afectados por la condición o estado emocional o sentimental. Esto provoca incidencia y repercusión en los demás componentes del ser interior, como la actitud, carácter, ego, personalidad y temperamento. Aquí la importancia de una metodología y ciencia sistemática, que tenga la rigidez de los principios, valores y virtudes de Jesucristo, para recomponer y restaurar al ser humano con la rigurosidad de la palabra de Dios. A la vez que la persona tenga la oportunidad de reivindicar su deber y derecho a la salud corporal y mental que sea según Cristo Jesús.
La ciencia que es de Dios incluye el intelecto, intuición, lógica, razonamiento, sentido cognitivo y sentido común, según corresponda el análisis, comprensión, entendimiento y estudio del método y sistema utilizado. Puede ser intuitivo o razonado, del intelecto académico o de lo empírico. Lo que aparentemente es contradictorio, no excluye la validez de cada método y sistema empleado. Toda capacidad y facultad de la función cognitiva y su infinitud de aprendizaje, creatividad, descubrimiento, innovación e investigación, es don de Dios para el ser humano. El ser humano se apropia como suyo lo que le pertenece a Dios por ser el Creador, inclusive Dios ha creado la ciencia y el ser humano la descubre. Algunos seres humanos mal intencionados, sin espiritualidad ni fe, tratan de promover ideologías de hipótesis y teorías para confundir socialmente y negar a Dios. Especialmente los argumentos de la falsa ciencia (1 Timoteo 6.20 al 21). La fe es certeza, convicción, creencia y seguridad de conocimiento de Dios, por esta razón el biblista es el especialista en las ciencias bíblicas. La Biblia dice lo siguiente (el subrayado es nuestro):
“EMPERO yo Pablo, os ruego por la mansedumbre y modestia de Cristo, yo que presente ciertamente soy bajo entre vosotros, mas ausente soy confiado entre vosotros: Ruego pues, que cuando estuviere presente, no tenga que ser atrevido con la confianza con que estoy en ánimo de ser resuelto para con algunos, que nos tienen como si anduviésemos según la carne. Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne. (Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas;) Destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y cautivando todo intento á la obediencia, de Cristo; Y estando prestos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia fuere cumplida. Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está confiado en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo” (2 Corintios 10.1 al 7 –\RVR1909 ).
En relación con la ciencia de Dios se logra entender el temor de Dios y hallar su conocimiento, para conservar y mantener el camino recto de la santidad, con inteligencia y sabiduría: “Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. El provee de sólida sabiduría á los rectos: Es escudo á los que caminan rectamente. Es el que guarda las veredas del juicio, Y preserva el camino de sus santos” (Proverbios 2.5 al 8 –
La ciencia siempre será para bien, los que la pervierten para mal son los de la falsa ciencia: “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas de vanas cosas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia: La cual profesando algunos, fueron descaminados acerca de la fe. La gracia sea contigo. Amén. espístola á Timoteo fué escrita de Laodicea, que es metrópoli de la Frigia Pacatiana” (1 Timoteo 6.20 al 21 –
En relación con el despertar de la conciencia en Cristo, aprovechamos lo que se conoce como autoconciencia, o sea, la conciencia de sí mismo, que es imprescindible para conocer nuestro ser interior en profundidad. Es prioritario para lograr la libertad en Cristo, porque se requiere comparar nuestra condición o estado del ser interior con el ejemplo y modelo de Cristo. Así reconocemos nuestro verdadero ser interior, para ser como Jesucristo. La Biblia dice acerca de Jesús: “Y fué que, como Jesús acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina; Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7.28 al 29 –
El camino correcto nunca ha sido desvirtuar la verdad que es Cristo, con métodos y sistemas ajenos y diferentes a Jesucristo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4.13 –
“Prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos: y si otra cosa sentís, esto también os revelará Dios. Empero en aquello á que hemos llegado, vamos por la misma regla, sintamos una misma cosa. Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad los que así anduvieren como nos tenéis por ejemplo” (Filipenses 3.14 al 17 –\RVR1909 ).
El ser interior tiene características y cualidades que pueden influir en repensar la toma de decisiones. Esto desde lo interno del ser humano, en el caso de lo externo el aprendizaje y vivencia cultural y social, aporta la influencia de la experiencia y perspectiva. Por este motivo, es fundamental la claridad de comprensión y entendimiento de la elección, para obtener las mejores consecuencias y resultados de las decisiones, fruto de la reacción con el dominio propio. Lo verdaderamente imprescindible es ser salvos y recibir vida eterna, de lo temporal a lo atemporal o intemporal. El enfoque de lo que realmente importa, en relación con el compromiso y responsabilidad de la ciudadanía celestial, de los principios, valores y virtudes del reino de Jesucristo: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3.20 al 21 –
El estudio de la vida requiere de disciplinas científicas, la psicología espiritual es pertinente a los caracteres espirituales y morales, influidos internamente por lo biológico, genético y neurológico, pero externamente también por lo cultural y social, que afectan el pensamiento, comportamiento y conducta, manifestado visiblemente con nuestras acciones, desde la invisibilidad del ser interior de la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento. Esta integración e interacción física y mental, se moldea y da forma en el discípulo según la figura e imagen de Jesucristo, como modelo y prototipo de ser un creyente practicante seguidor de Jesús: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13.15 –
“Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3.12 al 16 –\RVR1909 ).
Hay que interiorizar o internalizar los principios, valores y virtudes de Jesucristo en nuestro ser interior, para asemejar y asimilar la reflexión de Jesucristo en nuestra mente y pensamiento. Según el significado es incorporar a la propia forma de pensar, sentir y ser, que en este caso corresponde a las acciones de Jesucristo a través de su enseñanza, ideas, mandamientos, con su ejemplo y modelo de vida práctica. Este mismo significado amplía la importancia de comprender y entender lo aprendido, en nuestro caso según Cristo, para unir el mensaje de Jesucristo a nuestro conocimiento previo, de natural a espiritual para alcanzar lo celestial del conocimiento exclusivo de Jesucristo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4.12 –
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa criada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas á los ojos de aquel á quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4.12 al 13 –\RVR1909 ).
La misma palabra de Dios es terapéutica para la salud del discernimiento mental y pensamiento, sincronizado con la buena intención y voluntad del ser interior, con el optimismo y positivismo de confiar en Dios Padre, en su Hijo y en su palabra escrita. Ayuda a la comprensión y el entendimiento, para coadyuvar la mejoría de la ansiedad y el estrés, en la relación consigo mismo, con Dios, con el prójimo y con el hábitat donde nos desenvolvemos. Un entorno adecuado es el más óptimo para un mejor desempeño, ya sea en la convivencia comunitaria, domiciliaria, estudiantil, laboral, ocupacional, religiosa o de voluntariado: “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos” (Jeremías 15.19 –
“Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen; Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas. Y á cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas á pedir. Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros: Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman. Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo. Y si prestareis á aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto. Amad, pués, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir” (Lucas 6.27 al 38 –\RVR1909 ).
Así como la composición septenaria del ser interior está integrada por la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento, de igual forma se requiere la integración de los componentes de la fe en el ser interior, a saber, virtud, ciencia, templanza, paciencia, temor de Dios, amor fraternal y caridad, para contrarrestar los siete desagrados ante Dios: “Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que habla mentiras, Y el que enciende rencillas entre los hermanos” (Proverbios 6.16 al 19 –
Esto es clave para comprender y entender, que los seres humanos son los ángeles indecisos, perplejos de la rebelión, predestinados a venir a este mundo a vivir una decisión humana definitiva, ya sea para perdición o salvación eterna. La decisión de certidumbre de fe que está establecida (convencimiento y convicción), es aceptar, identificar y reconocer la Autoridad Suprema del Hijo de Dios, el jefe y principal del séquito celestial, como el Heredero del Padre: “DIOS, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo á los padres por los profetas, En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo” (Hebreos 1.1 al 2 –
“Por tanto, la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré á ellos profetas y apóstoles; y de ellos á unos matarán y á otros perseguirán; Para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundación del mundo; Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo: así os digo, será demandada de esta generación. Ay de vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y á los que entraban impedisteis” (Lucas 11.49 al 52 –\RVR1909 ).
Las siguientes citas textuales se complementan: “Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8.16 al 17 –
Vivir una vida consciente e inspirada en las acciones, obra y vida de Jesucristo, es el fundamento de principios, valores y virtudes prácticos para la cotidianidad, en comunidad e individual. Esto equivale a la verdadera percepción y realidad de la sana doctrina en Jesucristo. Hay una conexión de comunión, sincronización y sintonía, con el Ser de Jesucristo en nuestro ser interior de la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento. En este sentido Jesucristo es el principal medio de cambio y transformación del ser humano, a través del Espíritu de Jesucristo que es la energía, fuerza y poder, para actuar en el espíritu de la intención y voluntad de nuestro ser interior, con el Espíritu Santo de Dios Padre, que actúa tanto en la persona de Jesucristo como en el ser humano creyente practicante. Se presenta una psico- educación transmitida por Jesucristo, con una dinámica y movimiento de energía interna de liberación, en conexión y relación con el entorno social. Se transmite el bienestar y salud a los demás, mediante el método de la interacción de aprendizaje y enseñanza, que provee el crecimiento y desarrollo del conocimiento de sanación en la forma de ser y del ser interior. Se dice que el resultado de madurez del ser humano, es la suma de sus experiencias que le dan compromiso, formación y responsabilidad, pero vivir la experiencia de Jesucristo en nuestras vidas, nos beneficia en lo interno, pero también en la amabilidad, generosidad y solidaridad con los demás, en lo que se conoce como la paz interior, con Dios, con el prójimo, consigo mismo, con el entorno y medio ambiente.
El vivir es Cristo, porque es el motivo y razón del ser y de toda la existencia, constituido el heredero de todo lo que existe. La expresión “el vivir es Cristo” significa que “el existir es Cristo”, esto concuerda con que todo fue creado por su causa, para su herencia, ya que la existencia es de Cristo. La expresión “Para mí el vivir es Cristo”, hace referencia para mi ser interior la existencia pertenece a Cristo. Sin embargo, Jesucristo en alusión a los doctores e intérpretes de la Ley, ya sea de la Ley de Dios o de la Ley de Moisés, menciona que han quitado la llave de la ciencia. Hay una discordancia y disentimiento, entre la mentira y la verdad, que son inconciliables y que Jesús denuncia en el siguiente pasaje:
“¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? porque no podéis oir mi palabra. Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. Él, homicida ha sido desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y porque yo digo verdad, no me creéis” (Juan 8.43 al 45 –\RVR1909 ).
No reconocen el lenguaje del conocimiento celestial de Jesucristo. En un supuesto, de que se trata de seres preexistentes del séquito celestial, que nacen en este mundo como seres humanos, entonces, por qué no pueden reconocer al Hijo de Dios, ni oyen su palabra. Si se trata de seres indecisos, por qué resueltamente desean cumplir la rebeldía del ángel caído, que no permaneció en la verdad. Fue un apóstata al claudicar mediante el engaño, mentira y traición. No creen al Hijo de Dios, que además de ser el autor y consumador de la fe, es la Verdad misma, y el séquito celestial es de su pertenencia. Estos que quitan la llave de la ciencia, son personas sin inmutación y que no les importa el perjuicio de la pérdida de salvación y vida eterna de los demás, de aquellos que les rodean o les siguen en su falsedad. No se conmueven ni duelen de ver cómo las otras personas se dejan llevar por la perdición y quedan sentenciadas al castigo eterno. Quitan de la mano del ser humano las llaves de la ciencia. Ellos mismos no entran y a quienes entran se lo impiden sin amor, ni compasión, ni misericordia. Son observadores de la consumación del mal, que a la vez son observados por Dios a quien darán cuentas de sus hechos.
¿Qué representa la Ley procedente de la Autoridad de Dios para el ser interior? En relación con la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento, la Ley rige la rectitud de la razón: “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros” (Romanos 7.22 al 23 –
El ser interior es nuestra mente, por lo tanto, se requiere asumir la mente de Cristo en nuestra mente, para librarnos del cuerpo concupiscente y de la muerte del pecado, para no dar rienda suelta a lo corporal de los miembros del cuerpo, de las extremidades del ser humano. Tal es el caso del pueblo de Israel al salir de Egipto: “Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar; Y todos comieron la misma vianda espiritual; Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo. Mas de muchos de ellos no se agradó Dios; por lo cual fueron postrados en el desierto” (1 Corintios 10.2 al 5 –
“Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley á sí mismos: Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros; En el día que juzgará el Señor lo encubierto de los hombres, conforme á mi evangelio, por Jesucristo” (Romanos 2.14 al 16 –\RVR1909 ).
Un breve resumen que define al ser interior es el siguiente:
“Empero estas cosas fueron en figura de nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis honradores de ídolos, como algunos de ellos, según está escrito: Sentóse el pueblo á comer y á beber, y se levantaron á jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veinte y tres mil. Ni tentemos á Cristo, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron en figura; y son escritas para nuestra admonición, en quienes los fines de los siglos han parado” (1 Corintios 10.6 al 11 –\RVR1909 ).
El ángel caído es figura y representación del mal, el Hijo de Dios representa la obediencia, palabra y voluntad de Dios Padre. Adán y Eva en su duda e indecisión eligen lo siguiente: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás” (Génesis 2.16 al 17 –
El contenido y esencia de la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento, es invisible, a manera de escritura en el cerebro con procesos mentales superiores como el entendimiento y razonamiento, hay una interacción de neuronas, células e impulsos nerviosos, médula espinal y sistema nervioso, entre la comunicación del cerebro y lo corporal, para que lo invisible de nuestro ser interior se haga visible con nuestras acciones, actos y hechos de la vida cotidiana: “Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (Hebreos 10.15 al 17 –
Esto posibilita generar una autoestima adecuada y benigna, regida por los pensamientos y valoración positiva, que impulsa y mueve a la armonía y buena disposición, con predominio racional de la moderación y sobriedad anímica, por ejemplo, el ser afable, benévolo y piadoso. Que la alteración de la intención y voluntad sea apacible, con un estado afectivo de buen humor, pero con rigidez en la fortaleza y valentía para enfrentar cualquier dificultad de amenazas o riesgos que afecten la normalidad de la cotidianidad. También se favorece que la persona sea propensa a alentar y esforzar a los demás, especialmente con el ejemplo y modelo de vida, como una condición psíquica consistente, firme y estable. Labor desempeñada con la acción de evangelización, para dar a conocer las buenas nuevas de salvación y vida eterna en Cristo Jesús.
La persona logra como beneficio intrínseco, que exista una coordinación e interés de lo espiritual, para hacer compatible y congruente las emociones y sentimientos, con el resto de componentes del ser interior. Hay una reacción, causa y efecto agradable en nuestra forma de ser y actuar, en el sentido de una espiritualidad que construya y edifique bienestar de paz interior, sin ninguna conmoción de perturbación y violencia reactiva, ya sea por estímulos de desequilibrio interno o influencia externa del entorno. Se adquiere una capacidad de padecer o soportar sin detonar en una alteración destructiva, gracias al dominio propio que trae consigo la alegría y esperanza con la ciencia de la paz. Todo esto para lograr el crecimiento y desarrollo como mejor persona, con el conjunto de características necesarias y requeridas para destacar y distinguir como persona de bien, que sea amable, generosa, respetuosa y solidaria con los demás. Se requiere una inteligencia y madurez emocional y del resto del ser interior, apto para adorar, alabar, exaltar, glorificar y honrar a Dios con los hechos del diario vivir. Hay un respeto y reverencia que rehúye al pecado para no ofender a Dios, mayormente fundamentado en un sentir intenso en el amor a Dios, amor sano de sí mismo para bien y amor al prójimo.
Además se alcanza una hermandad en comunidad de fe, con la disposición y vocación de ayuda y servicio a los demás, manteniendo la dignidad, respeto y valor de sí mismo ante la presencia de Dios. La consistencia, constancia, firmeza y perseverancia, sin deformar sus principios, valores y virtudes, apegado fiel y leal a la voluntad de Dios. Además la compasión, empatía, misericordia y solidaridad con el necesitado y sufriente, en el amor a los demás y sobretodo en el amor primeramente a Dios: “Por esta causa doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo, Del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra, Que os dé, conforme á las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu” (Efesios 3.14 al 16 –
Todo este ideal de ser interior implica la actitud con virtud, carácter con ciencia, ego con templanza, emociones con paciencia, personalidad con temor de Dios, sentimientos con amor fraternal y temperamento con caridad. La Biblia dice: “Sino el hombre del corazón que está encubierto, en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3.4 –
El fruto del ser interior permitiría emprender con empeño el empleo, ocupación, trabajo y voluntariado antes que cometer delitos, porque predomina la honestidad y la honradez con el temor a y de Dios. Habría humildad y sencillez para vivir con austeridad, así poder compartir equitativamente con los demás, sin necesidad de bienes y servicios superfluos. Salvo la innovación de productos indispensables y necesarios de subsistencia, como fuentes de trabajo y generación de ingresos económicos familiares. Así prevalecería la justicia correspondiente al aspecto judicial, legal, seguridad ciudadana, solidaridad social y tributaria, en beneficio del bien común, debido al perfeccionamiento de la conciencia colectiva e individual, según el ser interior del ejemplo y modelo de Jesucristo, Hijo del Creador de toda la existencia:
“Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos. Porque si amareis á los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen también lo mismo los publicanos? Y si abrazareis á vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿no hacen también así los Gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5.45 al 48 –\RVR1909 ).