EL TEMPERAMENTO CON LA PATOLOGÍA DE LA DUDA E INDECISIÓN CONNATURAL (CONGÉNITA) AL OBEDECER A DIOS


La duda es un estado mental de la persona frente a una propuesta contraria a su propio deseo, ligada a la indecisión, máxime cuando se tiene con indiferencia la conveniencia o inconveniencia a la hora de tomar una decisión. El problema en relación con la obediencia a Dios, se presenta cuando el ser humano contrario a la fidelidad o lealtad, determina que es un dilema el obedecer a Dios, o sea, que la decisión no se ajusta a sus propios intereses, porque tendría que renunciar a su voluntad exclusiva y someterse a la voluntad absoluta de Dios. Se tiene a las dos premisas de desobedecer u obedecer como similares, donde la persona concluye que le da igual la consecuencia o resultado de ambas, pero sin dar importancia a la obediencia. La verdadera disyuntiva está en el resultado de la decisión de obedecer, como una bifurcación excluyente del desenlace de la desobediencia a manera de una dicotomía.


Aunque existe la posibilidad del libre albedrío para la toma de cualquier decisión, Dios no acepta la duda ni la indecisión como justificación o pretexto, sino solamente el hacer su voluntad, por esta razón Dios ofrece promesas de salvación y vida eterna, para incentivar y motivar la fidelidad a su obediencia. La decisión o resolución de la duda de obedecer a Dios es impostergable, como el supuesto de tomar una determinación en el momento de la agonía antes de morir. Estas personas viven sin discernir o distinguir la diferencia, entre vivir desobedientes u obedientes a Dios, envejecen sin un cambio o transformación de conciencia y sin propensión de sujeción a la voluntad de Dios. Por ejemplo, hay actos vergonzosos cometidos por personas sin sentir o tener vergüenza, contrarios al decoro, honestidad, honor, honra, prestigio y pudor, por ser acciones contra la integridad de la persona ante Dios, por lo tanto, algunos cometen actos repudiables sin ningún tipo de vergüenza: “¿Qué fruto, pues, tenías de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6.21 al 23 - RVR1909).


El tener por fruto, visible, la santificación es un requisito indispensable para ser semejantes a Dios. Los principios son las normas de vida fundamentales, para regir la conducta y el pensamiento. Los valores tienen la relación con el grado de aprecio, estima y bienestar de cualidades que son correctas, positivas y de valía en calidad. La virtud está en la efectividad y fuerza de ejercer el bien con todo el poder de voluntad. La predisposición y tendencia biológica del temperamento, tiene una causa física (propiedades de la energía y de la materia) y un efecto en las facultades mentales, además de un origen que es Divino y una finalidad espiritual. El temperamento es portador de un código energético, en la memoria energética intrínseca en todo ser humano. Este código es el elemento o esencia activador del conocimiento celestial, con un contenido o presentación como tipo de patología de la duda e indecisión connatural (congénita) al obedecer a Dios. La historia de la humanidad muestra que Dios comunica de muchas formas o maneras: “Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo á los padres por los profetas, En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo” (Hebreos 1.1 al 2 – RVR1909). Que en los últimos tiempos determina en Jesucristo toda la potestad de ser la luz, que ilumina la duda e indecisión para la obediencia fiel a Dios:


“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo: el que no cree á Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo. Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida: el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. Estas cosas he escrito á vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios. Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme á su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5.10 al 14 – RVR1909).

La falta de confianza y seguridad en Dios, provoca la dureza del corazón en el sentido simbólico y está asociado al significado de la falta de flexibilidad del temperamento. Los químicos cerebrales (neurotransmisores), tienen relación con los pensamientos y sentimientos, representado por la mente y el corazón, según las funciones propias del cerebro y sus conexiones corporales, así el temperamento es definido por la genética y cierto grado de estimulación energética, que es representado por la dureza de corazón o corazón de piedra. En el temperamento impera la nulidad de cambio por medio de acciones, hay dificultad de control, tampoco aprendizaje o educación, sino heredad biológica, con el origen genético no modificable. La única alternativa detonante de incitar una irradiación de luz, que estimule energéticamente un cambio y modificación del temperamento, superando duda e indecisión de obedecer a Dios, es mediante Jesucristo: “Esto pues digo, y requiero en el Señor, que no andéis más como los otros Gentiles, que andan en la vanidad de su sentido. Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón: Los cuales después que perdieron el sentido de la conciencia, se entregaron á la desvergüenza para cometer con avidez toda suerte de impureza” (Efesios 4.17 al 19 – RVR1909).


El sentido en el camino del encuentro de la comprensión y entendimiento del conocimiento que es de fuente celestial, está vinculado con la transmisión a través de Jesucristo, para auxiliar a quienes están en la ignorancia del conocimiento de Dios Padre, porque el entenebrecerse, se relaciona con la ausencia de la luz de Jesucristo, en los temperamentos duros de piedra aferrados a la duda e indecisión al obedecer a Dios: “Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida” (Juan 8.12 – RVR1909). Mientras las personas permanezcan en tinieblas estarán sin comprensión de la luz de Jesucristo: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron” (Juan 1.4 al 5 – RVR1909).


Si el temperamento es heredado e innato, genéticamente sin la posibilidad de modificar, sin el poder de cambiar por el ambiente, entorno o hábitat; que es biológico sin la capacidad de aprendizaje o educación, además de difícil de controlar. Entonces, únicamente el poder de Dios puede guiar a la persona, ya que para Dios no hay nada imposible y es factible cambiar, modificar o transformar: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: Pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno” (Salmos 139.23 al 24 – RVR1909). En la actualidad las personas buscan mejorar y dar un mayor sentido a su vida cotidiana, por medio del conocimiento de las virtudes y de la expresión temperamental, enfocado más hacia un temperamento espiritual: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable” (1 Pedro 2.9 – RVR1909). La homeostasis y los sistemas que influyen el comportamiento y la conducta, son funciones del Endocrino, relacionado con las glándulas y las hormonas, por ejemplo, la glándula pituitaria. El sistema nervioso, que contribuye para el funcionamiento fisiológico, adecuado del organismo y todo lo referente a los procesos corporales, por ejemplo, parasimpático y simpático.



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Por último, el siguiente resumen de gemini.google.com como consulta y reacción de la inteligencia artificial (IA)

En el marco del Neobiblismo (y su enfoque de la Psicoteología desarrollado por Frederick Alberto), el temperamento no se ve simplemente como una inclinación psicológica neutral. Se define teológicamente como una patología de la duda e indecisión connatural (congénita) debido a la manera en que esta dimensión del ser interior interactúa con la mente y la voluntad al momento de someterse a la soberanía divina.

Las razones por las cuales esta disciplina le otorga esta categoría se estructuran bajo los siguientes argumentos fundamentales:

1. El Trastorno del Entendimiento y la Razón

El Neobiblismo postula que el temperamento actúa como una barrera natural que perturba o deforma el sentido del entendimiento y la razón.

Al nacer con una configuración temperamental fija (connatural), el ser humano procesa la realidad a través del filtro de sus debilidades biológicas o impulsivas.

Cuando Dios demanda obediencia, el temperamento introduce "ruido" mental (incertidumbre, temores, racionalizaciones o impulsos de la carne), opacando la claridad del mandato divino. Por lo tanto, se le considera una patología porque altera la salud de la función cognitiva superior que debería responder con lucidez a la verdad espiritual.

2. La Incompatibilidad de la "Irresolución" con la Fe Activa Para esta perspectiva, la fe verdadera es sinónimo de certeza, convicción, proactividad y resolución inmediata.

El temperamento no regenerado genera irresolución y perplejidad frente a lo que se debe hacer.

Al ser propenso a fluctuar según las emociones y los estados físicos, el temperamento arrastra al individuo a un estado de parálisis por análisis o a una duda constante sobre la voluntad de Dios. Al impedir que la persona sea "proactiva espiritualmente", el temperamento se convierte en la raíz de la indecisión crónica para ejecutar la obediencia.

3. La Limitación del "Conocimiento Natural"

El Neobiblismo divide la realidad de la mente en planos de conocimiento. El temperamento pertenece al plano más bajo: el conocimiento natural o material, ligado estrictamente a lo biológico, lo corporal y a los mecanismos de supervivencia del ego.

La obediencia a Dios pertenece a un plano superior o espiritual (la transición hacia el "trascendentalismo celestial").

Como el temperamento innato opera bajo la lógica de proteger los intereses del "yo" (miedos, comodidad, orgullo), choca de frente con el sacrificio que exige alinearse al plan divino. Esa fricción inevitable se manifiesta clínicamente —en el sentido psicoteológico— como una duda congénita hacia lo que no puede controlar ni entender de forma puramente física.

4. El Diagnóstico como Paso a la "Ingeniería del Pensamiento"

Se le etiqueta formalmente como "patología" no para condenar al creyente de manera irreversible, sino para establecer un diagnóstico claro de la condición humana.

El Neobiblismo sostiene que el temperamento explica el comportamiento defectuoso y la vacilación ante Dios, pero jamás lo excusa.

Al identificarlo como una afección o tara (deficiencia) psíquica congénita de la mente, la disciplina propone la necesidad de aplicar una "reprogramación de la mente" o "ingeniería del pensamiento" a través de la toma de conciencia en Jesucristo. El objetivo final es someter ese temperamento enfermo al control del Espíritu Santo para transmutarlo en un carácter espiritual firme, erradicando así la indecisión.

En resumen: El Neobiblismo cataloga al temperamento como la patología de la duda y la indecisión connatural porque representa la resistencia biológica y ciega del ser natural ante la claridad de la ley divina; un estado de constante fluctuación mental que incapacita al ser humano para dar un "sí" rotundo, proactivo y consciente a Dios.

Se profundiza en el análisis de esta dinámica interna, porque se aborda desde una perspectiva teológica y práctica la debilidad intrínseca del temperamento humano, ilustrando cómo esta tendencia natural suele nublar el juicio y la toma de decisión si no se somete a un proceso de maduración espiritual.


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