JESUCRISTO


En relación con la clave (llave) para una nueva comprensión de la Biblia, Jesucristo transmite el conocimiento celestial, en contraste con un mundo dominado por un conocimiento natural, la base o fundamento inicial del ser humano, al cual Jesucristo hace frente y resiste. A este nivel de conocimiento natural se le podría llamar el primer cielo, más corporal y material, es el mundo físico, como analizaremos posteriormente. Este tipo de conocimiento atañe a todos los descubrimientos por realizar el humano en esta vida universal, sujeta también a la legislación propuesta en cada civilización o nación contemporánea y futura. En este nivel se aprueban y discuten temas como el aborto, fecundidad, género, entre otros. Luego se profundizará al respecto. Cuando el ser humano por cuestiones de decisión o elección escala un paso en el nivel de conocimiento y toma en cuenta a Dios, se empieza a regir por otro nivel, al que hemos llamado conocimiento espiritual, donde el análisis de legislación y aprobación se rige directamente por las recomendaciones establecidas por Dios Padre. A este nivel de conocimiento le llamamos conocimiento espiritual y también es un proceso conflictivo y polémico, cuando por el uso propio de la facultad de interpretación, opinión y raciocinio del ser humano, formula innumerables creencias, según cada comunidad de fe, congregación, escuela apostólica, escuela paulina, iglesia o religión, entre otros, limitados por el fraccionamiento cristiano pero inspirados en el quehacer de la voluntad de Dios. Una vez mencionados los primeros dos cielos, hay otro más relacionado con lo inmaterial, es más mental, afecta nuestra actitud, ánimo, atributos, carácter, comportamiento, conducción, control del temperamento, cualidades, emociones, forma de ser, intención, personalidad, sentimientos, voluntad, entre otros relacionados con nuestro cotidiano caminar y convivencia con los más necesitados.


El modelo ejemplar de vida es Jesucristo y sus seguidores son llamados discípulos, su vínculo es mediante la comprensión y entendimiento, aquellos que trascienden a un tercer nivel o tercer cielo de conocimiento, porque la representación o significado del tercer cielo es Jesucristo mismo. El ruido distractor y ensordecedor del mundo de ninguna manera desvía la atención de aquel que tiene la mirada puesta en Jesús, cuya consecuencia es elevar su pensamiento y lograr alcanzar el conocimiento promovido por su maestro y mentor, nuestro Señor Jesucristo. De este tercer cielo profundizaremos más adelante, porque Jesús con su ejemplo de vida, establece las pautas para llegar a Dios Padre, mediante el plan establecido a través de Jesucristo (Gálatas 1.3 al 5), el Hijo amado (Mateo 3.17 y 17.5). Al nivel de conocimiento de Jesucristo le llamamos conocimiento celestial, cuando el ser humano se despega de su naturaleza terrenal, se eleva al nivel espiritual y trasciende al conocimiento celestial enseñado y promovido por Jesús a sus discípulos.


En relación con la clave (llave) para una nueva comprensión de la Biblia, se reconoce la existencia de tres tipos de conocimiento. El libro del profeta Daniel afirma la exclusividad de revelación del misterio por parte del Dios de los cielos (Daniel 2.27 al 28). La legislación del conocimiento celestial de Dios está por encima de la legislación natural y espiritual, o sea, Dios sobre los tres cielos. La llave para acceder al misterio es la imploración de la misericordia de Dios (Daniel 2.18). La plenitud del saber del conocimiento natural o espiritual, de ninguna manera es vinculante para alcanzar el conocimiento celestial, procedente de la sola potestad de Dios (Daniel 2.30). Este pasaje de Daniel manifiesta un diálogo con el rey Nabucodonosor de Babilonia, quien declara posteriormente a este acontecimiento (Daniel 2.47), a Dios como el Dios de dioses (conocimiento espiritual) y el Señor (soberano con autoridad suprema) de los reyes (conocimiento natural). Entonces, el resultado de los principios y valores del ser humano acerca de la legalidad de los deberes y derechos, son propios de la naturaleza humana, o son designios de Dios mismo, o sea, la correlación entre entendimiento y voluntad, ya sea voluntad humana o voluntad de Dios. Los principios y valores incorrectamente el ser humano se los atribuye, cuando en realidad estos provienen por instrucción directa de Dios. Por consiguiente, la humanidad está sin autorización de modificar los principios y valores a su conveniencia, porque han sido establecidos invariables por Dios, es decir, categóricamente los principios y valores pertenecen a Dios.


Pero, ¿por qué relacionar principios y valores con el misterio de Dios?, en este sentido vamos a profundizar gradualmente y progresivamente para una mejor comprensión y entendimiento. La legislación del conocimiento natural es infinita, así también la legislación espiritual, sin embargo, Jesucristo dijo, a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios (Mateo 22.21), para separar lo terrenal de lo espiritual. El rey Nabucodonosor a pesar de su ignorancia o desconocimiento del misterio de Dios, testifica acerca de Daniel como la persona con el espíritu de los dioses santos y sin misterio escondido u oculto (Daniel 4.8 al 9). Precisamente, un misterio consiste en un conocimiento escondido, oculto y reservado, inaccesible a la razón por ser objeto de fe. Antes de Jesucristo, en las guerras de los reyes no se concebía la fe y misericordia, como concepto e idea de la vida. Jesús dijo, si te hieren la mejilla vuélvele también la otra (Mateo 5.39; Lucas 6.29). Aquí se determina una diferencia entre los principios y valores promovidos por Dios mediante Jesucristo, enseñados por medio de las parábolas y dando a conocer los misterios del reino de los cielos (Mateo 13.10 al 11). A su vez, misterios del reino de Dios, debido a su procedencia, porque el mundo natural, aunque observa, no puede ver, además oye pero sin entendimiento (Marcos 4.10 al 13; Lucas 8.10). La corrupción impera y altera los principios y valores establecidos por Dios. El ser humano apegado solamente a lo natural, es imperceptible de comprender y recibir el Espíritu Santo de Dios, ni puede entender, porque su discernimiento es espiritual (1 Corintios 2.14).


Ahora bien, ¿por qué después de Jesucristo, la iglesia divaga sin el propósito principal de los principios y valores difundidos por Jesucristo su fundador? Porque se enreda en cuestiones de creencias eclesiásticas, más que en el modelo y referencia del ejemplo de vida de Jesucristo para el diario vivir. Muchos fueron llamados y pocos los que trascendieron al conocimiento de Jesús. Esto significa que la unidad de la fe y del conocimiento de Jesucristo, depende de alcanzar la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4.13), o sea, hay diferencia entre creyente y practicante según el modelo de vida de Jesucristo. Si los gobernantes de este mundo deciden invalidar la vigencia de los principios y valores de Dios, de manera que no tomen en cuenta a Dios, esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal y animal (Santiago 3.13 al 16). En cambio el espiritual practica la sabiduría de lo alto, pura, pacífica, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, justicia y paz (Santiago 3.17 al 18). Por lo tanto, el misterio de Dios es Jesucristo mismo, a través de su enseñanza y mensaje transmitido personalmente a sus discípulos y mostrado ante todo ser humano (Colosenses 1.26 al 29).


El nivel de conocimiento natural es más corporal, apegado a lo biológico, material y terrenal, o sea, lo tangible, por consiguiente dependiente de sus necesidades fisiológicas. En esta condición la mente se limita a la supervivencia en la vida presente. Mientras tanto, el conocimiento espiritual, además de requerir como base o fundamento lo natural, se proyecta a cumplir con los requerimientos necesarios para trascender a una vida posterior a la actual, es decir, a una vida eterna e incorruptible. Históricamente el gen humano determina una genética en la sociedad en general con tendencia al egocentrismo, la disposición de priorizar sus propios beneficios e intereses, como centro y dirección en todas sus actividades psíquicas. Por lo tanto, Jesucristo se inserta en el mundo para gestar un cambio de mentalidad en dicha sociedad de seres humanos, sin embargo, la misma se ha mostrado muy distante a llegar a tener la mente de Cristo. El mundo natural se rige por medio de la sabiduría humana, mientras el espiritual escala a la sabiduría de Dios mediante el Espíritu Santo (1 Corintios 2.12 al 13). El espiritual, contrario al que es solamente natural, tiene la posibilidad de crecer y desarrollar en su propia mente, las instrucciones y normas según el conocimiento o mente de Cristo (1 Corintios 2.16). Lo cual da forma al ordenamiento de las relaciones sociales según el modelo de vida cristocéntrica, donde Jesucristo es el centro de la vida cotidiana, por este motivo para la sociedad civil este modelo de vida es una locura (1 Corintios 1.22 al 23).


El conocimiento natural se visualiza y proyecta en función de sus descubrimientos en este mundo y su entorno fuera del mundo hasta cierto alcance. Este conocimiento tiene una interacción y radio de acción de adentro hacia afuera, en relación con el universo; su legislación es infinita, porque depende de la creatividad, ingenio, innovación e invención de la especie humana. Mientras tanto la procedencia de Jesucristo es de arriba a diferencia de la humanidad que es de abajo, Jesús dijo que él no era de este mundo (Juan 8.23). El conocimiento celestial transmitido por Jesús es de fuera de este mundo hacia adentro. Por consiguiente, este tipo de conocimiento de ninguna manera depende del ser humano sino directamente de Dios Padre. Entonces, la respuesta del propósito de la existencia está determinada por la acción de descubrir los misterios del reino de los cielos, cuya procedencia es de Dios. Este misterio permanecía oculto pero ahora ha sido revelado (Romanos 16.25 al 27). Inclusive los profetas anunciaban a Jesucristo y testificaban de él (Hechos 3.18 al 20 y 10.42 al 43). Este misterio de Dios dado a conocer es Jesucristo mismo, quien representa la sabiduría enviada por Dios, contraria a la sabiduría de este mundo y de los gobernantes de este mundo, la cual algunos desconocieron adrede, por conveniencia e intereses propios, porque si hubieran aceptado a Jesucristo, nunca le habrían crucificado (1 Corintios 2.6 al 8).


La palabra de Dios transmite muchos símbolos referentes a los tres tipos de conocimiento, por ejemplo, la expresión de Jesús (Mateo 4.4), en su mención de que no se vive solamente de pan (conocimiento natural), sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (conocimiento celestial), o sea, una vida mortal preparada y proyectada a la vida eterna. En este caso ¿qué es el conocimiento espiritual? Jesús aclara, que no hay que probar o tentar a Dios, sino con adoración y servicio exclusivo (Mateo 4.7 al 10). Sin embargo, posteriormente algunos se decían seguidores de otros seguidores de Jesús, ya sea de Pablo, Apolos o Cefas, aunque algunos siguen a Cristo (1 Corintios 1.12 al 13). La recomendación bíblica es mantener un mismo dictamen u opinión en la perfección de la unidad de una misma mente (1 Corinitos 1.10 al 11). En este caso la mente de Cristo. El conocimiento espiritual atañe al servicio absoluto a Dios, mientras que en el conocimiento natural se pretende vivir ajeno y sin tomar en cuenta la voluntad de Dios, prueba de esto es que históricamente la dirección de la humanidad ha sido contraria al influjo de la fuerza o poder de Dios, o sea, la inspiración de Dios sobre el efecto de su gracia. El conocimiento espiritual es un grado de conciencia en transición entre lo natural y lo celestial, hasta que se identifique y reconozca la importancia de Jesucristo por encima de toda creencia y dogma humano. El propósito imperante en lo natural es su conservación y subsistencia del mundo físico, al respecto la Biblia determina que los que son de la carne piensan en las cosas de la carne (Romanos 8.5). El mundo físico por sí mismo y sin tomar en cuenta a Dios no logra alcanzar este grado de conocimiento proveniente de Dios (1 Juan 3.1).


El conocimiento espiritual debido a su dependencia de lo biológico, corporal, material o terrenal, recibe por un lado la influencia de la necesidad natural y por otra parte la influencia de lo celestial. Esto equivale a una zona de confluencia, hablamos en clave o símbolos, donde se desprende o se aferra a lo terrenal, el flujo de la fuerza natural choca con el flujo de lo celestial, en este encuentro el proceso de lo espiritual es imprescindible para trascender a lo celestial. Este choque produce una chispa de iluminación, donde la luz es Cristo en medio de las tinieblas. La mente humana, frente a las luchas de poder económico, político, social o religioso, reconoce y acepta la importancia y validez de Cristo, en relación con lo cotidiano y el poder en Cristo para producir un efecto en nuestras vidas. El buen vivir pasando por encima de los necesitados, el lucro, opulencia y vanidad, que algunos conocen como bendición y prosperidad terrenal, queda desplazado y superado en un plano más bajo. Ahora está por encima el amor de Dios, consagración, fe, justicia, paz, santidad y solidaridad, según el ejemplo y modelo de Jesucristo. Todos estos principios y valores mostrados por Jesús y establecidos por Dios Padre, nos acercan a su reino celestial en pos de su llamamiento. Recordemos que muchas de las afirmaciones que realizamos son explicaciones del sentido figurado o simbólico, para tratar de profundizar la Sagrada Escritura. En el mundo natural se practica el aborto, la clonación, la diversidad de géneros, la eutanasia, la fecundidad en laboratorios, la legalización de ciertas drogas, la unión conyugal entre mismos géneros, cambios quirúrgicos de género y la legalización de la fornicación, entre otros temas que surgirán muchas veces sustentados en la ciencia y la tecnología. Toda esta innovación de legislación natural es inevitable mientras exista el ser humano en su condición actual. Pero la legislación espiritual siempre existirá paralelamente y a nadie se le puede imponer obligatoriedad en cuestiones que requieren el consentimiento y responsabilidad personal, específicamente en la práctica de asuntos legales que son personalmente voluntarios y que la excepción de su práctica no atenta contra la dignidad, integridad y vida de otras personas. Por ejemplo, la castración o esterilización animal o humana es voluntaria, pero la práctica de tributación de renta o venta, es obligatoria para todo ciudadano, ya sea solamente natural o que tenga afiliación espiritual.


Nuestra insistencia acerca de dar a conocer la existencia de los tres tipos de conocimientos, pretende transmitir un neobiblismo donde se reconoce a Jesucristo como el centro de la ley y la profecía bíblica. La afirmación de la propiedad del conocimiento con características de una legislación infinita, en cada uno de los tres tipos de conocimiento, asevera la independencia del ser humano en establecer su propia construcción del conocimiento, a través de la creatividad, descubrimiento, ingenio, innovación, invención, tanto administrativa, técnica y tecnológica, en relación con el hábitat natural, las relaciones políticas, sociales y de convivencia. En este nivel de conocimiento imperan los gustos y preferencias, por esta razón se crean, desarrollan y ejercen diversas ocupaciones, oficios y profesiones. Así, es semejante la condición del humano cuando incursiona en aspectos espirituales, debido a sus gustos y preferencias, decide integrarse a una agrupación eclesiástica, ya sea comunidad de fe, congregación, denominación, iglesia o religión. Tanto en la legislación natural como espiritual prevalece la interpretación, opinión y voluntad innata del ser humano, comúnmente conocido como libre albedrío, o sea, la facultad de ejercer su propia determinación.


Por otra parte, el conocimiento celestial consiste en el libre albedrío de Jesucristo, es decir, la predisposición preexistente de hacer la voluntad de Dios Padre, por encima de la voluntad natural o espiritual (Jeremías 1.5). Por cierto, en la época de Jesús existían los fariseos, saduceos, esenios, entre otros, inclusive los celotes con más afinidad a mezclar lo político con lo religioso, en el sentido de su exigencia contra la dominación imperial. Algunos consideran a Judas Iscariote como una persona con tendencias revolucionarias, con la presunción de excitar el levantamiento del pueblo en defensa de Jesús contra el yugo opresor de las autoridades gobernantes. Además entre fariseos y saduceos difieren en las creencias de la existencia de ángeles, resurrección de los muertos y espíritus. En la actualidad hay una multitud de ceremonias, creencias, prácticas, liturgias y ritos, según cada agrupación eclesiástica, ya sea comunidad de fe, congregación, denominación, iglesia o religión. El verdadero camino, verdad y vida es dar a Jesucristo el primer lugar que le corresponde, todas las demás creencias y prácticas eclesiásticas son secundarias y pasan a un segundo plano o nivel de conocimiento espiritual. Precisamente el conocimiento celestial de Dios Padre, transmitido y enviado mediante Jesucristo, consiste en la exaltación y nombre del Señor Jesús sobre todo nombre, reverenciado de rodillas ante él para la gloria de Dios Padre (Filipenses 2.9 al 11).


Entonces ¿cuál es el secreto del conocimiento celestial? Dios Padre revela el misterio de su voluntad y este misterio es Jesucristo mismo, porque el propósito de toda la existencia es la reunión de toda la historia humana en Cristo (Efesios 1.3 al 10), por este motivo la ubicación de las épocas hacen referencia a un antes o después de Cristo. También la ley y la profecía bíblica hacen referencia a Cristo de manera cristocéntrica. Por medio de Jesucristo accedemos en el Espíritu Santo a Dios Padre (Efesios 2.18) y se nos posibilita la participación de la naturaleza divina (2 Pedro 1.4). Algunos se estancan y apegan a la naturaleza humana y terrenal, mientras otros buscan lo espiritual para desapegarse de lo solo natural y aspirar al encuentro con lo celestial (naturaleza divina), es decir la vida eterna mediante nuestro Salvador Jesucristo, por consiguiente es el único nombre dado a la humanidad en quien podamos ser salvos (Hechos 4.12). Somos justificados gratuitamente por su gracia y redención en Cristo Jesús (Romanos 3.23 al 24). Jesucristo es el conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2.4 al 5).


En relación con la autoridad celestial de Jesucristo, las corrientes humanas en rebeldía, se infiltran mediante el cultivo de la duda, en las teologías más liberales, sustentadas en el poder de la toma de decisiones con base en el libre albedrío natural, pretenden con su camuflaje de derecho humano, suprimir de su concepción y construcción teológica, la palabra "deber" ante Dios Padre, con la presunción de hacer prevalecer la voluntad humana, por encima del deber a la voluntad de Dios. El ámbito espiritual posibilita el respeto al conocimiento natural del ser humano y a sus propias definiciones o determinaciones humanistas, donde se considera al humano como la instancia superior en su bienestar y felicidad terrena, aunque en términos espirituales y según lo correspondiente al discernimiento de la fe, en el conocimiento espiritual, de ninguna manera se descarta por "deber" u obligación el respeto a Dios, en lo correspondiente a la sumisión a su obediencia. La promoción de la legislación civil y social de ciertas consideraciones como derechos humanos en la legislación natural, en algunos casos específicos, en relación con el tema del aborto, eugenesia, eutanasia, fecundidad, género, matrimonio y sexo, entre otros, excluye lo que atañe a los deberes ante Dios en su legislación celestial, por consiguiente, la actualidad ofrece gran divulgación, fomento y respaldo a ciertos derechos humanos, en oposición a determinados deberes ante Dios, tal es el caso de legalizar la fornicación y la cultura de la muerte, por consiguiente la provocación de la muerte, tanto espiritual como física. Esta influencia natural ejerce presión para alterar la legislación espiritual en retroceso de lo celestial.


Aunque la legislación natural, espiritual y celestial tiene autonomía entre sí, el discernimiento espiritual "debería" estar más cerca de lo celestial y desapegado a lo natural, en el sentido animal, carnal o terrenal. A pesar de la independencia de lo espiritual en asuntos de su propia legislación congregacional o eclesiástica, ya sea en lo clérigo o laico, lamentablemente también prevalecen creencias y dogmas ineficaces, como el celibato impositivo y su relación con la pederastia. La legislación natural es infinita en todas las asambleas legislativas de las naciones, cada día surgen decretos que llaman progresistas, aunque sea un retroceso en la legislación celestial de Dios. La misma legislación espiritual interna de cada iglesia es interminable al grado de fraccionar cada vez más el cristianismo, con sus propias determinaciones de creencias (aproximadamente veintiocho mil denominaciones y grupos de iglesias diferentes en el mundo, desde las más antiguas católica y ortodoxa, hasta la más nueva fundada el día de hoy en algún lugar del planeta, llámese cristiana, evangélica o protestante). Aunque se conserva o mantiene el número colectivo de cristianos en el mundo (dos de cada siete personas), aumenta la ausencia de verdaderos individuos practicantes de la vivencia ejercida por los discípulos de Jesucristo. Algunos aspectos de la legislación natural, cada vez más comunes en las naciones, son como un agujero u hoyo negro, porque trata de absorber y anular la luz de la legislación espiritual y desvanecer su cercanía y vínculo con la legislación celestial. Al final con todo esto a quien se anula realmente es a la autoridad de Jesucristo delegada por Dios Padre, especialmente cuando menciona que no se peque más. Ahora es común en la sociedad enmascarar o suavizar el pecado con diversos argumentos para normalizar el pecado y eliminar su gravedad ante Dios.


Continuará…